Las jóvenes generaciones luchan por democracias libres, no por teocracias islámicas
EL CAIRO.- Osama ben Laden y su retórica jihadista encontraron, en algún momento, eco en millones de personas, especialmente entre las del mundo árabe, que consideraban que la militancia islámica era su mejor esperanza para desprenderse de los grilletes que les habían impuesto los gobiernos corruptos y represivos.
Pero diez años después del 11 de Septiembre, el tema dominante de las insurrecciones que se propagan en todo Medio Oriente es el clamor por la democracia? mientras la ideología militante de Al-Qaeda ha quedado relegada a un segundo plano.
No hace tanto tiempo Ben Laden y su red terrorista planteaban el mayor desafío a los regímenes autoritarios del mundo árabe, incitando a los pueblos a la rebelión de manera incesante. Pero el mundo árabe que deja atrás Ben Laden es hoy completamente diferente.
Las insurrecciones populares encabezadas por grupos de jóvenes han depuesto los regímenes autoritarios de Túnez y Egipto. Movimientos similares están planteando un desafío a los autocráticos gobernantes de Libia, Siria, Yemen y Bahrein. Y los millones de personas que participaron en estas revueltas no han empleado la violencia para impulsar sus demandas. Su objetivo último no es la creación de las teocracias islámicas predicadas por Ben Laden, sino la creación de democracias libres.
Muchos activistas de Medio Oriente consideran a Ben Laden un subproducto de los regímenes represivos que dominaron la región.
"Ben Laden se convirtió en parte del pasado, tal como los regímenes árabes que han sido depuestos", dijo Khalil el-Anani, un experto en movimientos islámicos jihadistas.
En un mundo árabe en el que tres quintas partes de la población es menor de 30 años -para la que los ataques de 2001 son un recuerdo infantil- el catalizador de las insurrecciones populares es Internet.
"Es la era de Wael Ghonim, no la de Ben Laden", dijo El-Anani, en referencia al ex ejecutivo de Google que se convirtió en la cara de las protestas impulsadas por los jóvenes en enero y febrero. "Fue el poder blando de Ghonim y sus asociados, no el crudo poder de Ben Laden, el que produjo los cambios de régimen", dijo El-Anani, tras recordar que todos los ataques terroristas adjudicados a Al-Qaeda en Occidente y en el mundo árabe no lograron producir ni un cambio de régimen.
Aunque en una oportunidad Ben Laden juró liberar al mundo árabe, las únicas figuras que han invocado últimamente su nombre han sido líderes autoritarios como Muammar Khadafy, en Libia, y Hosni Mubarak, en Egipto... Y ambos mencionaron la amenaza de Al-Qaeda para justificar que siguen aferrados al poder.
En Yemen, el hogar ancestral de Ben Laden, jóvenes manifestantes han estado acampando en la capital, Sanaa, para impulsar la caída de Alí Abdullah Saleh, que gobierna el país desde hace 32 años.
Abdel-Hadi al-Azari, uno de los líderes de la juventud yemenita, dijo que la insurrección le ha infundido a la gente "esperanza" en el futuro.
"Cuando uno no tiene esperanza, la vida o la muerte no son muy diferentes -dijo Al-Azari-. Las revoluciones cambiaron ese estado de ánimo y la gente cambió la manera en que se percibe a sí misma."
Los manifestantes yemenitas, agregó, le han demostrado al mundo que la época de Ben Laden ya pasó, por medio de su negativa a recurrir a la violencia pese a la represión de las fuerzas de seguridad del país.
El-Anani, en tanto, agregó que si bien la desaparición de Ben Laden podría no suponer el fin de la militancia islámica, sí podría dificultar el reclutamiento de jóvenes. "Las generaciones de jóvenes que Al-Qaeda solía reclutar y que dieron nueva sangre a los jihadistas ya no son las mismas", explicó.
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