"Irene Kelly" fue el nombre escogido para proteger su identidad. Estuvo desde los seis a los once años, recluida en un instituto dirigido por la Iglesia Católica en Dublin, Irlanda.
Mucho después, relató sus experiencias en el libro Pecados de una Madre. Allí relata el horror que padeció cuando las monjas abusaban de las niñas internadas como ella. Cuenta por ejemplo: "Me llevaban a la guardería. Ahí fue donde comenzaron a abusarme sexualmente. Llegó un punto donde ya no podía aguantar más esa situación. Un día decidí meter mis dedos dentro de un enchufe. Lo único que recuerdo es que desperté y estaba un doctor al lado de mi cama. Me preguntó por qué lo había hecho. Le dije: por la crueldad y el dolor. Una monja me interrumpió: 'Se lo dije, esa niña es un demonio. El diablo está dentro de ella'."
Esta denuncia se enmarca en la oleada que se registró desde 1999 en relación a los abusos en escuelas, orfanatos e instituciones dirigidas por monjas católicas, curas y miembros de la comunidad eclesiástica en Irlanda. Esos abusos fueron "endémicos" entre 1930 y 1990, según sentenció un informe elaborado por una comisión, tras casi diez años de investigación. Más de un centenar de instituciones dirigidas por órdenes católicas –principalmente las Hermanas de la Caridad y los Hermanos Cristianos– fueron investigadas por la comisión, compuesta por decenas de expertos. Entre 30 mil y 40 mil niños pasaron por esos establecimientos. Tal fue el escándalo que la Iglesia Católica ofreció compensaciones financieras a cambio de que las víctimas guardaran silencio.
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