Buscan bajar el riesgo de enfermedades producidas por el exceso de sodio en las comidas.
Quienes quieran sazonar un poco más sus comidas deberán pedir el condimento a los camareros. “Yo creo que es una normativa que apunta a la prevención, a cuidar la salud de todos”, destacó el concejal oficialista Carlos Rosso (bloque PJ-PUL-MID), uno de los autores del proyecto. El edil remarcó que ordenanzas similares ya rigen en México DF y en el territorio bonaerense. El presidente de la Comisión de Salud, el opositor Raúl Ruffa, fue el encargado de pedir la aprobación del proyecto en el recinto.
“Hay una tendencia a que se disminuya la sal porque, en general, en nuestra cultura alimenticia hay mucha”, argumentó el oftalmólogo. Y luego aclaró que no se trata de prohibir la sal, sino de tratar de aminorar su consumo. “El sodio es fundamental para el mantenimiento de la presión y la regulación del funcionamiento interno de los riñones. Pido su aprobación porque todo en exceso es malo”, explicó Ruffa.
Rosso comentó que para preparar el texto de la iniciativa consultaron a varios profesionales y reconoció que el hecho de que Ruffa también perteneciera a una disciplina médica ayudó a que la comisión aprobara su paso hacia el recinto donde los concejales la aprobaron por unanimidad.
La ordenanza considera que la baja de sodio en las comidas es el tratamiento adecuado, y comprobado, para reducir la presión arterial. También asegura que la hipertensión es una condición que “afecta a un tercio de la población argentina que constituye una de los detonantes más frecuentes de enfermedades y muertes cardiovasculares”, reza el texto. Además de la prohibición de la presencia de los saleros, en el artículo dos de la ordenanza figura la promesa de abrir los canales de diálogo con otros sectores que también están involucrados en la industria alimenticia, como los panaderos, para que ellos también reduzcan la sal en sus productos. Mientras que en el tercer artículo advierte acerca de la importancia de las campañas de concientización para alimentarse mejor, que incluirían publicidades y charlas.
Buenos Aires tiene la misma prohibición. Para confeccionar el proyecto los legisladores bonaerenses llegaron a importantes acuerdos con las cámaras hoteleras y gastronómicas y con las de los panaderos. Ellos ya habían iniciado una campaña para reducir el consumo de sal y la normativa vino a darle legalidad. Córdoba también inició el debate, pero aún resulta difícil para sus legisladores llegar a un acuerdo.
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