Al menos 34 personas murieron ayer en atentados terroristas en Irak. El más sangriento de ellos sucedió cuando un hombre se inmoló dentro de un coche bomba frente a una mezquita chiíta en Bagdad, provocando 15 muertos y 32 heridos. Horas antes, otro coche bomba había explotado en el centro de Samarra, una ciudad sagrada para los chiítas, ubicada 125 kilómetros al norte de Bagdad. Al menos 12 personas murieron allí y otras 21 resultaron heridas.
Irak encara el peor brote de violencia desde 2008: más de 2000 personas murieron desde principios de abril. El derramamiento de sangre parece ser en gran medida obra de milicianos suníes que resurgieron, como Al Qaeda, fortalecidos por el descontento con el gobierno liderado por los chiítas.
La escalada de violencia ya lleva varios meses. Mayo fue el más sangriento en los últimos cinco años, con la muerte de 1045 personas en ataques terroristas, según la misión de la ONU en ese país. Al mismo tiempo, la actual ola de crímenes coincide con un aumento de la tensión y de las luchas étnico-religiosas.
Tras la invasión para promover el derrocamiento de Saddam Hussein, Irak está desgarrado por permanentes conflictos entre los seguidores de distintas tendencias islámicas. «
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