Falta menos de un año para las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias del año entrante, en la que se comenzará a decidir no solo el futuro del país y de la provincia de Buenos aires, sino también de la ciudad de La Plata. En ese marco, el intendente Pablo Bruera, confiado por los guarismos arrojados por las recientes encuestas, traza estrategias para continuar controlando la gestión municipal.
El intrincado juego de enroques de cara al 2015 puede verse en todos los espacios en donde la disputa del poder podría, eventualmente, redundar en el control total de la comuna platense.
Aunque en el pasado, desde el seno del bruerismo, se comentaba la posibilidad de que Gabriel Bruera desembarque al frente del ejecutivo municipal en reemplazo de su hermano para darle un respiro de la gestión; hoy, con tres años por delante como concejal, esa idea resulta añeja.
Como contrapartida, sí comenzó a trazarse una nueva estrategia de enroque, en la que se pretende que Pablo Bruera garantice un triunfo electoral, con esos más de 20 puntos de intención de votos que surgen de los recientes relevamientos, y logre conquistar nuevamente el ejecutivo comunal.
En ese marco, en los corrillos municipales se destaca la inagotable capacidad de trabajo del jefe de Gabinete, Santiago Martorelli, quien sin embargo vio trunca su candidatura a legislador durante los últimos comicios.
Ahora, los hermanos Bruera apostarían a darle a Martorelli un papel predominante en la arena política local para volver a posicionarlo en las calles de la ciudad y que acompañe a Pablo como su primer aspirante a concejal. El objetivo es el mismo que el perseguido otrora con la eventual postulación de Gabriel: permitir, ante una eventual desvinculación de Pablo, ocupar la intendencia platense y darle un respiro al actual mandatario.
Vale recordar que, por ley, el encargo de reemplazar al intendente ante una desvinculación es el primer candidato a concejal electo en la misma nómina que lo llevó a desembarcar como tal.



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