Por: Ricardo KirschbaumLa blitzkrieg kirchnerista no se detiene. Tendrá su reforma política contrareloj pese a la furia de los opositores. La avasallante actitud oficialista no se para ante nada: otra vez el jefe del bloque kirchnerista del Senado, Miguel Pichetto, quedó en ridículo ante sus pares.
El apuro no es gratuito. El kirchnerismo quiere tener a disposición, antes del recambio, las herramientas para seguir gobernando como hasta ahora: sin retrocesos ni negociación, salvo cooptación de voluntades por los más diversos y heterodoxos métodos a disposición.
Para eso, le es imprescindible seguir con sus batallas contra los medios que no están en la órbita oficial. Los anuncios de ayer de Aimé Boudou, un admirador de Alvaro Alsogaray reconvertido en miliciano kirchnerista, sobre la conjura mediática tienden a allanar el camino de una decisión que está cantada: intervenir Papel Prensa para controlar la provisión de papel de diario. Si lo consiguen, le seguirá un aumento del arancel de importación de papel.
Todo esto lo anuncia Aimé, que actúa de portavoz de Moreno, pero lo decide Kirchner.
Les quedan, todavía, dos cuestiones para controlar a la prensa: el manejo de la distribución, a través de Moyano, y el reparto arbitrario de la publicidad oficial.
El nudo se sigue ajustando.


Comentá la nota