En el nombre del padre: con bajo salario Pablo crió a siete hijos y adoptó a un niño

En el nombre del padre: con bajo salario Pablo crió a siete hijos y adoptó a un niño

Fue bicicletero, cadete y ahora arregla motos, su mujer es ama de casa y eligieron tener una familia numerosa de la que hoy están orgullosos. También son padres de corazón de un vecino a quien encontraron sin contención familiar. Hoy el nene llama papás a quienes lo cuidan. 

Pablo Escalente tiene 49 años y es padre de ocho chicos, uno de ellos hijo del corazón. Al igual que muchos hombres es el sostén de la familia y de forma diaria busca brindar lo mejor a los que más quiere, pasó momentos económicos difíciles pero con la ayuda de todos pudieron salir adelante y hoy con orgullo cuenta la historia de él, su mujer, sus hijos y nietos. “Hace 30 años estamos casados con mi mujer, era bicicletero y para querer progresar y darle lo mejor a ella decidí trabajar como cadete, me despidieron y después con la indemnización compré herramientas para trabajar pero, por la crisis de Alfonsín tuve que vender las cosas, fue una de las épocas más difíciles, almorzábamos mate cocido”, contó Pablo a El Litoral. Vivieron 25 años en la casa de su padre en el barrio Villa Chiquita donde en los `90 decidió cambiar el taller de bicicletas por el de motos, instalado en su casa. “Con el nuevo taller nos fue un poco mejor, necesitábamos agrandar la casa porque dormíamos todos en una pieza; trabajaba de 7 a 23, cuando mis hijos dormían les acariciaba la cabeza y les daba un beso, me daba pena dejarlos pero teníamos necesidades, vivía con tanto estrés que a veces me levantaba a la madrugada a trabajar y mi hijo Nano (Pablo) me buscaba para que vuelva a dormir”, contó.

Después de vivir más de 20 años en ese barrio, salieron sorteados para adquirir una vivienda en el barrio Ponce, “ahí hubo grandes cambios”, no sólo dejaron su hogar, también conocieron a quien hoy es el menor de la familia, Augusto José.“Nos estábamos mudando, mi mujer estaba embarazada de cuatro meses y se cayó de la moto, perdió el embarazo estaba muy mal y cuando vinimos acá lo vimos a él, nos ayudó y lo ayudamos.

Veíamos muchas cosas que no nos gustaban, en un momento unos chicos lo estaban paseando en una caja de verduras, lo arrastraban y golpeaban la cabeza; mi hija Rocío un día le dijo a la mamá del nene que tenía 1 año y 10 meses que lo cuidaba ella, mi hija lo baño, le dio de comer y desde ese momento no quiere dejar la casa”, relató Pablo quien contó que cuando lo encontraron hace varios años, vio signos de violencia en el menor como marcas de cigarrillos en el brazo y moretones.La familia lo adoptó como uno más, comentaron que “muchas veces se lo encontró durmiendo abajo de la mesa porque estaba acostumbrado a dormir con los perros” y por las noches cuando dormía con ellos “tenía arranques nerviosos”.

 “No sabía lo que era un ventilador cuando vino a nuestra casa, tampoco un televisor. Parecía un indigente, tenía los ojos saltones y era muy flaco”, contó Pablo. Hoy Augusto tiene 9 años y acompañó en la entrevista de este medio a sus padres del corazón. Respecto a las enseñanzas que dejó a sus hijos dijo “lo principal es la honradez, trabajar por derecha y ayudar a quienes puedan”. “La plata va y viene, estamos muy felices, tenemos tres hijos que viven lejos pero solo se alejaron físicamente y no vemos la hora de abrazarlos”, expresó. Sus hijas mayores formaron una familia y le dieron tres nietos. Los tres hijos menores de Pablo estudian.

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