Para muchos historiadores el nombre minimiza el tamaño de la tragedia y lo llaman el día de "los Pogromos de noviembre".
La Noche de los Cristales Rotos fue el comienzo de la persecución de judíos en Alemania, que nadie detuvo a tiempo y derivó en el Holocausto, la matanza sistemática de millones de seres humanos.
Todo comenzó cuando un joven judío de 17 años, Herschel Grynszpan, le disparó al diplomático alemán Ernst vom Rath el 7 de noviembre del 1938 en París. Según el historiador Armin Fuhrer, los médicos que viajaron para asistir al diplomático herido –entre ellos, el cirujano personal de Hitler, Karl Brandt– no brindaron la ayuda necesaria. Para el régimen nazi, su muerte sería un pretexto contra la población judía en Alemania.
"En los reportes médicos no se menciona que el herido tenía tuberculosis. Se evitó la mención de la enfermedad 'porque, si no, la relación causal entre el ataque y la muerte no hubiese estado clara'", comenta el historiador.
El diplomático murió el 9 de noviembre. La cúpula del partido nacionalsocialista se encontraba en la vieja alcaldía de Munich donde conmemoraban el 15º aniversario del putsch. No hubo una orden directa, pero supieron cómo arengar a quienes estaban ávidos de agredir. "Los judíos deben sentir la ira del pueblo", apuntaría el ministro de Propaganda, Joseph Goebbels en su diario. Los nazis dijeron que la población descargó su rabia por el atentado. Pero los historiadores aseguran que los ataques fueron perpetrados por tropas organizadas del partido nazi y su milicia, la SA, de civil.
Esa noche ardieron sinagogas en toda Alemania. Miles de judíos fueron humillados, detenidos y asesinados. Unas 30 mil personas fueron deportadas luego a campos de concentración. Se destrozaron vidrieras, se saquearon tiendas.
"Los ataques también hubiesen tenido lugar sin el atentado en París", subraya el historiador Frank Bajohr, del Centro de Estudios sobre el Holocausto de Munich. Desde 1933 había leyes y políticas de propaganda que estigmatizaban a la población de origen judío.
Charlotte recuerda el estallido como una expresión cruenta de lo que vivía cotidianamente. "Lo que se da en llamar Noche de los Cristales Rotos y la fuerza de los sucesos no me sorprendieron", comenta. "La enorme dimensión, la liquidación casi absoluta del judaísmo europeo, fue algo que llegué a ver después, tras la liberación en 1945", admite a sus 81 años.
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