En una ceremonia con críticas al gobierno de Mariano Rajoy, la película se quedó con diez estatuillas; entre ellas, mejor filme.
La ceremonia, que tuvo lugar en el Centro de Congresos Príncipe Felipe de Madrid, empezó con un aluvión de críticas a la política del gobierno de Mariano Rajoy. Enrique González Macho, presidente de la Academia, censuró con dureza la política cultural del gobierno en presencia del ministro de Cultura, José Ignacio Wert.
A su turno, Maribel Verdú, ganadora por segunda vez de un premio Goya, esta vez como mejor actriz protagónica por su actuación en Blancanieves, dijo: “Se lo dedico a la gente que perdió sus casas por culpa de un sistema quebrado, obsoleto, que permite robarles a los pobres para darles a los ricos, como dijo en su última película el gran Costa Gavras”.
José Sacristán ganó, por primera vez en su carrera, el Goya a mejor actor protagónico por su trabajo en El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo, filme que transcurre en la Argentina. En su agradecimiento incluyó al equipo argentino que había trabajado en la película, y agregó que compartía las palabras de Verdú. Luego, expresó: “Me gustó trabajar con gente joven con mucho conocimiento de cine, talento y coraje. Porque hay que tener coraje para hacer películas tan libres y tan amenazadas”.
Juan Antonio Bayona resultó mejor director, por Lo imposible, que cuenta la historia -basada en hechos reales- de una familia que sobrevivió al tsunami de 2004. Por eso, Bayona se bajó del estrado y le entregó la estatuilla a María Belón, que fue protagonista de la historia en la vida real. Su papel lo interpretó Naomi Watts.
Infancia clandestina, de Benjamín Avila, competía como mejor película iberoamericana, pero finalmente el premio fue para la cubana Juan de los muertos, de Alejandro Brugués. La francesa Amigos intocables resultó la mejor película europea.
Como para terminar en el mismo tono en que había comenzado, la presentadora de la ceremonia, Eva Hache, cerró diciendo, medio en broma y medio en serio, en referencia al ajuste: “Esperemos que no haya sido la última gala, porque ahora entra en vigencia la nueva ley de cine, y no sea cosa de que nos quedemos sin dinero hasta para pagarle a un meritorio”.

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