Con un termo celeste apoyado en una mesa en Rawson, compartiendo una pollada en un barrio de Comodoro y dialogando con militantes y vecinos en Trelew, Mario Das Neves va en la dirección contraria a la que ha tomado el Gobierno.
Sin protocolo y más de una vez caminando varias cuadras, el ex-Gobernador va remachando los perfiles de su histórica manera de enfrentar las competencias electorales, definida por su confianza en la relación mano a mano con los votantes, una característica que repite ahora.
Según Das Neves, los partidos políticos "están en crisis" y por lo tanto su importancia como polea de transmisión eficaz de ideas y proyectos hacia los distintos sectores, es más que relativa y por eso apela una y otra vez a las recorridas kilométricas, al "casa por casa" y a las reuniones casi asamblearias, en las que explica por qué deberían votarlo.
En esta semana recordó su paso anterior por la Cámara de Diputados de la Nación y reivindicó como una herramienta pasible de ser repetida, a la constitución en los 90 de un bloque regional inter-partidario, que peleaba como propios cada uno de los temas que preocupaban a las provincias patagónicas.
"Cinco diputados son poquitos, pero al final habíamos sumado más de veinte" legisladores de Chubut, La Pampa, Santa Cruz, Neuquén y algún otro aliado que, incluso, rompían la disciplina partidaria al unísono para tener más fortaleza en los reclamos individuales.
Desde esa regionalización para abajo, lo que hay es "provincialización" excluyente: el repaso por lo que se hizo y lo que presuntamente no se hace, la necesidad de "normalizar" el funcionamiento del Estado, para que le dé "previsibilidad a todos, a las empresas, a los trabajadores, a las familias".
Con ese discurso, Das Neves lo que busca es que se plebiscite la gestión cotidiana del variopinto Frente Para la Victoria chubutense, sin permitirle la vía cómoda de mostrarse apenas como representantes de Cristina en la provincia, casi sin vinculación con los problemas reales del Gobierno propio.

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