A medida que se acerca el día de las elecciones que definirán un nuevo gobierno en Neuquén para el período 2015-2019, se instalan mayores certezas respecto de la actual conformación del mapa político provincial, y en especial, de ese especial micro universo que integra el sempiterno MPN, otra vez el favorito, aunque tenga que revalidar esta presunción en las urnas el domingo 26.
El MPN explica con naturalidad pasmosa su larga hegemonía, con el argumento que ha sabido representar el cambio dentro de la continuidad. Se afirma sobre todo en el actual período democrático –se presume que definitivo- nacido en 1983. En cada coyuntura, el partido provincial presentó como cambios la aparición de sus ocasionales líderes: Pedro Salvatori, Jorge Sobisch, Jorge Sapag, fueron todos, en su momento, una promesa de cambio respecto a la gestión que finalizaba, con la única excepción de las reelecciones de Sobisch en 2003 y de Sapag en 2011, aunque ambas explicadas por la vigencia de la reforma constitucional que habilitó dos períodos consecutivos para los gobernantes.
En esta ocasión, se dice en el MPN que “por primera vez” se pondrá en marcha un gobierno “de equipo” antes que referenciado fuertemente en una sola persona. Lo que se sugiere es que si gana el partido provincial el 26, Omar Gutiérrez no será (como ha sido hasta ahora, se supone) el ombligo alrededor del cual gira ese micro universo, sino “solamente” el encargado de presidir el Ejecutivo, con un equipo polivalente que interactuará todo el tiempo, en lo que se promete será una “nueva forma” de gestionar, con consultas permanentes hacia “las bases” y un ida y vuelta idílico entre la ciudadanía y sus representantes en el poder político.
Lo que se está diciendo –todavía falta la comprobación fáctica- es que el MPN cambiará otra vez, pero esta vez no solo de nombres, sino de método para gobernar. Conservando su ideología (peronista) constitutiva, se afirma que llega la hora de los equipos por sobre las individualidades. Y esto lo afirma tanto Gutiérrez como Rolando Figueroa, y otros referentes de la renovada carpa chica armada para la campaña. “Este será el legado de Jorge Sapag”, dicen, pronunciando con cierta unción el nombre del actual Gobernador.
Se menciona (y se ve) que tal metodología se ha aplicado ya en la campaña. Gutiérrez y Figueroa han trabajado juntos y separados, según las “conveniencias”, se dice. Cada uno tiene su equipo de prensa, y la comunicación se hace simultánea y a la vez diferenciada. Ante la presunción que tal rasgo indicaría una “interna” competitiva entre ambos, buscando posicionarse en plena campaña para influir después en la conformación de un todavía hipotético equipo gubernamental, que quedaría siempre a juicio del inventor de la “nueva etapa” asociada a la shale-política: JorgeSapag…se responde que no ocurre tal cosa (sin desmentirlo con demasiado énfasis) sino que es precisamente “el método”, la “interacción”, la novedosa horizontalidad dialéctica que se propone en el partido.
A través de estos razonamientos, lo que queda claro es que el propio MPN admite la necesidad de una alternancia en su larga hegemonía. La única diferencia con lo que plantean sus opositores, es en realidad la fundamental, la que tiene que ver con lo que la palabra indica. Es decir, que otro partido (y no una nueva versión del mismo) ocupe el rol de conducir el Estado neuquino.
Lo que descubrirá el elenco político vigente en Neuquén, con el resultado ya puesto el 26 de este mes, es simplemente lo que dictaminará la mayoría de los ciudadanos. No hay ni habrá fuerza de aparato suficiente para influir de manera determinante en lo que ese sector variable según las circunstancias, pero mayoría al fin, decidirá. No será el MPN el que decida su propia continuidad, sino esa mayoría. Por eso hoy no puede hablarse de profecías con apariencia de certezas. Porque la mayoría se inventa a sí misma en una sola jornada, de apenas 12 horas, esa jornada en la que el pueblo vota y se expresa.
A esta imprevisibilidad difusa pero cierta apuestan los otros sectores que disputan con el MPN y su promesa de cambio en la continuidad: así trabajan Horacio Quiroga con su coalición acotada, y Ramón Rioseco, con su kirchnerismo de ocasión. Buscan presionar a fondo en la presunta necesidad urgente de una alternancia real y no fingida, concreta y no disimulada.
A dos semanas de la definición, el mapa político está claro en el MPN, pero no en la oposición, y esto constituye el rasgo saliente del escenario. Quiroga ofrece una alternancia que oponga racionalidad liberal a la demagogia distributiva. Rioseco, profundizar la raíz distributiva combatiendo la burocracia política consolida en medio siglo.
Pero ninguno de los dos ofrece certezas metodológicas para su futura eventual gestión tras un triunfo que sería impactante. Esta es la realidad que los ciudadanos ven y juzgarán el 26: tanto Quiroga como Rioseco deberían integrar sus gobiernos acudiendo a una rápida elaboración novedosa de nombres y estructuras, conciliando además los intereses que rápidamente desencadenarían una puja de cada sector que compone sus coaliciones.
En esa raíz, en ese núcleo fundamental del escenario de estas dos semanas, la mayoría se definirá por uno o por los otros. Se verá entonces si predomina el rasgo conservador en la sociedad neuquina, o si arriesga la novedad, sobre la base de la expectativa antes que de la previsibilidad constante que garantiza el MPN.
Así, todo se reduce a este rasgo, aunque parezca esto un reduccionismo. Neuquén elegirá si quiere la estructura antes que los candidatos; o si por el contrario, buscará en una cara nueva (aunque conocida) una apuesta alternativa hacia el futuro, para inventar una estructura que todavía no existe.
Rubén Boggi





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