Neuquén ¿entre Dios y el Diablo?

Entre proyecciones con alturas místicas y profesiones de fe laica, la campaña ofrece por ahora una polarización, y la incógnita a dilucidar es si habrá o no una tercera vía que produzca una incidencia el 12 de junio, suficiente para desequilibrar la bipolaridad electoral.
Entre la mística concepción de que “Dios es neuquino” y la muy laica aseveración de que hay un “Neuquén que viene”, la campaña política en Neuquén está, al menos por ahora, polarizada entre Jorge Sapag y Martín Farizano. Si habrá o no una tercera posición que logre al menos desequilibrar esa polarización e incidir concretamente en el resultado, es una de las pocas incógnitas que quedan en un escenario bastante previsible.

Sapag parece decidido a protagonizar un período caracterizado por la transmisión de seguridades. Su proyecto de continuidad está basado casi exclusivamente en prometer la garantía de que la provincia seguirá adelante superando el crack petrolero convencional. A los yacimientos decadentes, asegura, los suplantarán las plantas de producción de tight y shale, junto a lo que considera ya probado, la posibilidad de explotación estatal de riquezas del subsuelo, mediante la asociación ENARSA- G&P del Neuquén.

Farizano lo enfrenta desde la ansiedad por remontar encuestas haciendo profesión y exhibición de confluencias alrededor de su figura, asociada cada vez más al kirchnerismo. Su promesa, su garantía hipotética, es un “cambio positivo, pero en serio”. Como ya lo ha hecho la oposición al MPN antes, no combate la historia del partido provincial, sino apenas su presente. Y se afirma en el “Neuquén que viene”, paradójicamente el título de un libro que a principios de la década del ’90 escribió Luis Sapag para proyectar lo que sería el neo-MPN que entonces se imaginaba.

Sapag se envuelve en la mística del que no ha sido derrotado. “Dios es neuquino” dijo en las últimas horas, para asociar el futuro de Neuquén a un verdadero milagro escondido de la naturaleza, que ahora se revela cual una luz de gozosa espiritualidad revestida en dólares. Farizano enfatiza el mensaje laico: dice que aquí la naturaleza no ha tenido nada que ver, sino en todo caso el presunto maltrato que le ha propinado una conjunción de corruptelas con prácticas demagógicas.

Sapag recolecta respaldos peronistas del justicialismo que no ha sido expulsado del edén construido a la sombra de Oscar Parrilli. Farizano hace todo lo contrario, sumando a Parrilli directamente a través de su hermana, una especie de proyección genética del poder delegado desde la Rosada. Sapag suma respaldos sindicales desde dentro y fuera del Estado. Farizano también, a través de UNE y de sus propios méritos negociadores. El resultado es una diáspora sindical que también se enfrentará el 12 de junio y que por ahora sirve para alterar (no demasiado) el clima social.

Ahora bien: ¿habrá incidencia de algún tercero en discordia?

Es posible que así sea, a través de la reciente asociación, que terminará de plasmarse en los próximos días en una lista de diputados, entre la Coalición Cívica que representa Carrió-Ricardo Villar- Isabel Kreitman, y el sector del radicalismo que conduce todavía Horacio Quiroga, y que se expresa en la confluencia de radicales asqueados por la fusión con el kirchnerismo, con sectores políticos diversos que ven en la letra K una promesa de chavismo a corto plazo, y por ende, un peligro a combatir.

La fórmula Ricardo Villar-Leandro López tiene la posibilidad de alterar, al menos, la composición de la futura legislatura. Su composición y origen de representación social promete además absorber votos que hubieran ido inexorablemente al MPN o al Frente Neuquino.

En concreto, la fórmula de la Coalición Cívica es la que hace realidad la opción K ó no K, que de otra manera se hubiera tornado abstracta, limitada a partidos políticos vinculados ideológicamente con la izquierda más tradicional y menos atrayente para la clase media provincial.

Es posible, de esta manera, que sea un elemento electoral catalítico, que precipite el voto de los sectores sociales que no quieren seguir votando al MPN, pero que tampoco creen en una opción que ven vinculada no solo al proyecto del gobierno nacional al que no adhieren, sino también al sindicalismo estatal.

La fecha de elecciones juega a favor de esta posibilidad de protagonizar el rol del tercero en discordia. Al 12 de junio, todavía no habrá definiciones nacionales absolutas. Los neuquinos votarán sin tener todavía demasiado en claro si serán concretas o no las asociaciones con figuras o sectores políticos nacionales que se esbozan como posibles.

No hay mejor certeza, en estos casos, que lo que todavía no es una realidad, sino apenas el deseo de una realidad posible.

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