En tres meses incorporaron unas 500 personas. El nuevo gobierno había prometido terminar con ellas.
Este sistema, organizado y pervertido por los gobiernos radicales, continúa y se vigoriza en la gestión de Alberto Weretilneck.
El listado de noviembre, formalizado por Desarrollo Social, superaba ajustadamente el millar, previéndose su reducción a partir de un acuerdo gremial para la regularización de los "becarios" con su pase a contrato laboral. Aún así, la nómina de febrero ascendió a casi 1.400 beneficiarios. La incorporación supera las 500 becas, considerando la baja de un centenar por su transformación en un contrato de trabajo.
Desde su asunción, el nuevo gobierno arengó a terminar con el mecanismo de las becas (denominadas sociales dentro del mismo gobierno) por la utilización radical en la reclusión y movilización política, como también por la instalación de un esquema laboral precarizado en la administración pública. Frente a los reclamos gremiales y su pretensión de normalizar la situación, Desarrollo Social acordó en diciembre un plan de regularización con ATE, identificando a 403 becarios con funciones en el Ministerio.
Un número mayor –unos 600– correspondían a retribuciones individuales, encuadradas en diseños de proyectos y programas con ciertas organizaciones sociales.
El 7 de diciembre, ATE y el ministro Ernesto Paillalef firman un acta donde Desarrollo Social se comprometió "instrumentar las acciones necesarias para sustituir el mecanismo de becas", se acordaba la regularización de los 403 becarios y se establecía la inmediata contratación de los casos más antiguos, "estimándose en 100 trabajadores, ingresados entre el 2002 y 2009".
En diciembre, la cartera social –según la resolución Nº 1.086– dispuso el pago de 1.002 beneficios de noviembre por 1.940.000 pesos.
El acuerdo se implementó en diciembre y las bajas por pase a contratos fueron puntualmente 103 beneficiarios. Así, el listado congelado para el 2013 debería ser inferior a las 900 becas. No ocurrió así.
La resolución Nº 694 autorizó en febrero 1.390 becas, con un total de 2.638.700 pesos. Se incrementaron 490 beneficiarios, es decir, casi el 55% en tres meses.
Hay otros antecedentes. La nómina de septiembre, cuando Jorge Vallaza conducía Desarrollo Social, alcanzó a 963 becas por 1.884.500 pesos, según la resolución Nº 9, formalizada por el nuevo ministro Paillalef. Los pagos de octubre llegaron a 1.000 aportes por 1.938.550 pesos, considerando la resolución Nº 643.
Los registros de la Contaduría General ratifican el aumento de la partida becas. El primer bimestre del 2013 llegó a 6,06 millones frente a los 4,64 millones de igual período del 2012.
El teórico mecanismo de becas para "la capacitación en Servicio e Investigación" se fundamenta en un "programa para promover el acceso de personas a modalidades de capacitación en adiestramiento administrativo y servicio social, fomentar el estudio y la investigación, la prevención, promoción, asistencia y protección vinculados a temas tales como, niño, mujer, familia, anciano, violencia, marginación, sexualidad y adolescencia".
Hace 10 años, el radicalismo abrió y manipuló ese sistema que quedó subordinado al manejo proselitista y además, alentó la conformación de una precarizada estructura laboral.
El gobierno del Frente para la Victoria amagó con su desarticulación, pero últimamente ha vigorizado el esquema, con la particularidad de las disputas internas en el Ministerio de Paillalef.
Al arribar a esa cartera, Vallaza se sorprendió con la multitud de becarios. Se transformó en un ministro moderador entre el desarme requerido por el gobernador Alberto Weretilneck y la presión gremial por la normalización de los becarios que cumplían tareas. Aquella posición intermedia fue la esencia del posterior distanciamiento de parte del mandatario con su ministro.
A fines de septiembre, Paillalef arribó a Desarrollo Social y enseguida se ocupó de esa estructura, con el enfoque propio por su penetración en las organizaciones sociales.
Reivindicó el criterio de militancia política que lo transformó en acciones proselitistas. Tampoco se abandonaron aquellos pagos anómalos de becas por funciones adicionales o cargos públicos.

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