No se abren más estaciones de servicio en Mar del Plata pero tampoco se cierran. Un negocio que enfrenta distintas situaciones para no dejar de ser rentable, como la falta de nafta súper.
En Mar del Plata, hoy, existen 70 estaciones de servicio pertenecientes a las 5 petroleras que operan en el mercado nacional. YPF es la marca líder, tanto a nivel país como local, abarcando casi el 70 por ciento de las bocas de expendio que funcionan en la ciudad.
Y, en el último tiempo, cerraron varias como las ubicadas en la esquina de Salta y Libertad o la Petrobras de Playa Chica, recordada siempre como la "mítica Isaura" que inauguró el sistema de cafeterías y kiosco junto a la venta de combustible. Más atrás en el tiempo, fueron otros los playones que cerraron, como la que estaba ubicada en Edison y la 39, por ejemplo.
De acuerdo a los datos brindados por la Cámara de Expendedores de Combustible de Mar del Plata, al día de hoy el mercado "está amesetado", ya que si bien no abren nuevas bocas de expendio, tampoco de cierran.
El negocio de la venta de combustible cambió en la década del `90. Menem lo hizo, una vez más. Al desregularse el mercado de la venta de combustibles, el mercado se agrandó -algunos dicen que se sobredimensionó- y la burbuja terminó explotando con la devaluación del 2002.
"En los '90 hubo un cambio en el negocio a comparación de cómo se trabajaba desde 1920. Se desreguló, seguida de la privatización de YPF, y de tener precios oficiales de venta (fijados por el gobierno) se pasó a tener precios libres. Hubo una corriente de inversión muy fuerte en todo el sector, la privatización de YPF trajo mucha inversión, la empresa creció mucho", explicó a LA CAPITAL el integrante de la Cámara de Expendedores de Combustible de Mar del Plata, Patricio Delfino.
"Las otras compañías privadas, Esso y Shell -añadió-, vieron un panorama bueno de negocios y la clave era que en el mercado interno los combustibles valían más que en el internacional".
Más fue menos
Hoy ocurre todo lo contrario. "Hubo un sobredimensionamiento del sector -definió el empresario-, se abrían estaciones de servicio donde no tenía ningún sentido, se llevaron adelante proyectos con mucha inversión, entregaban préstamos a muy largo plazo, y el razonamiento de la petrolera era que aunque no venda mucho una boca, igual tenemos un incremental de ventas. Por eso apoyaron y el negocio se sobredimensionó".
A partir de 2002, con la devaluación, todo cambió y las reglas de juego se modificaron básicamente por la diferencia en los costos.
"Los precios internos quedaron por debajo de la importación -dijo Delfino- y desapareció la oferta de productos importados. Eso significó el cierre y la desaparición de las estaciones de servicio blancas, es decir sin marca, que son aquellas que no tienen contrato de aprovisionamiento y exclusividad con una determinada compañía".
Aunque casi no existen en la ciudad, las estaciones de servicio sin marca -denominadas blancas- constituyen la segunda red de bocas de expendio en el país, detrás de YPF.
Una de las causas de la desaparición es la imposibilidad de conseguir productos a un precio conveniente, ya que "lo tienen que comprar a los colegas y se lo venden a precio surtidor y entonces tenés que vender más caro, quedando fuera de precio delante del consumidor", detalló Delfino.
Meseta
En cuanto a la rentabilidad del negocio, el empresario aseguró que "los márgenes de rentabilidad son bajos, por eso a nadie le atrae. Hoy el mercado está amesetado. El que tiene aprovisionamiento de una marca, en la medida que la petrolera le renueve el contrato y asegure aprovisionamiento, tiene estabilidad en el negocio".
"La rentabilidad es baja -agregó- y nadie quiere entrar, porque es poco atractivo. El que está se las ingenia como para seguir. El que vende poco, trata de tener pocos gastos y una estructura de personal pequeña, adecuada a la estructura de costos. Hoy ya no cierran las estaciones, hay estabilidad, pero tampoco se abren nuevas".
De hecho, muchas de las estaciones que cerraron -como la de Playa Chica o la de Libertad y Salta- lo hicieron para dejarle paso al negocio inmobiliario. En el terreno de La Perla ya empezaron a construir un edificio, mientras que en Playa Chica esperan la autorización municipal para una obra que estaría firmada por el conocido arquitecto César Pelli.
En tren de análisis del mercado local, Delfino aseguró que "está cristalizado desde hace unos años, no se cierran las bocas como en 2002 o 2004, pero tampoco se abren. El que está sigue".
Asimismo, sobre la falta de combustible que se padeció reconoció que "tuvimos una primera quincena muy complicada porque hubo muchos cortes y paros en las terminales de despachos, en las refinerías, que son donde se cargan los camiones que traen el combustible".
"Hubo muchísimo parate de ese tipo -añadió-. La oferta es más bien escasa normalmente, cuando hay factor externo que complica o el paro de camioneros, o de petroleros o la Uocra y bloquean y refinerías, les cuesta unos días levantarse".
En cuanto a la escasez de nafta súper, explicó que "hay una demanda que supera la capacidad de producción. La demanda interna es más alta que la capacidad de producción de la refinería. La única que queda es cubrir con producto importado. pero no conviene a nivel costo" y ejemplificó que "en Uruguay el litro de nafta vale 7 pesos, acá 4,40".
Otra de las cuestiones es "el gran crecimiento del parque automotor, que la mayoría de la gente elige motor a nafta".
Algunas estaciones de servicio aceptan pagos con tarjetas de crédito o débito, pero "es una decisión de cada estación -dijo Delfino-. El problema es que el combustible que tengo trato de venderlo de la mejor forma posible, porque no tengo todo lo que quisiera tener. La venta con tarjeta es gravosa, incluye varios impuestos, y cuando vendés $100, a vos te quedan $91,50 y el combustible lo compras a $93. Perdés plata".
En cuanto a las promociones con venta de tarjeta, que ofrecen importantes descuentos, el empresario aseguró que "es un arreglo que hace el banco con sus clientes. La estación no tiene nada que ver".
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