El juez federal, Francisco Miño, le negó la excarcelación al productor musical acusado de comandar una banda narco. Mensajes de texto incluidos en la causa detallan cuánto recaudaba.
El juez federal Nº 2 de Santa Fe, Francisco Miño, le denegó el viernes la excarcelación. En la resolución, el magistrado consideró que existen una serie de circunstancias para denegar el beneficio excarcelatorio. Entre ellas, señaló que aún no se ha desestimado la existencia del denominado riesgo procesal. Es que para Miño, la calificación por la que se lo acusa a Basimiani – infracción a la Ley Nacional Nº 23.737, donde se le atribuye organizar, promover o facilitar la distribución o el almacenamiento de sustancias estupefacientes– contempla, en abstracto, una pena elevada, que motivaría el peligro de fuga.
Además, el magistrado marcó que la conducta del productor musical reviste “gravedad y peligrosidad” y considera que, en libertad, Basimiani buscaría eludir la acción de la Justicia frustrando los fines del proceso. Asimismo, Miño consideró que Basimiani no posee arraigo suficiente a nivel local y tiene antecedentes penales, entre los que figuran dos delitos contra la propiedad que le juegan en contra.
Un hombre arraigado
La resolución fue en respuesta al pedido de excarcelación que presentó esta semana el abogado defensor de Basimiani, Néstor Pereyra. El letrado había pedido la libertad de su cliente por considerar que no existían pruebas pendientes de producir y además no hay riesgo de fuga por el arraigo del imputado a la ciudad.
Pereyra tuvo en cuenta que Basimiani tiene empresas y propiedades a nivel local que lo atarían a Santa Fe y que garantizan su comparecencia al proceso mediante alternativas tan eficaces como la caución. Sin embargo, las razones no convencieron al juez, por lo que Basimiani deberá esperar hasta el 25 de noviembre tras las rejas, cuando finalice el plazo de diez días hábiles con los que cuenta Miño para resolver su situación procesal. Para el abogado defensor, las pruebas en contra de Basimiani no son suficientes, ni siquiera para un procesamiento. El letrado cuestiona que una acusación por un delito tan grave requiere mucho más que “una foto en la puerta de la casa de la madre” y “declaraciones anónimas” o mensajes de texto sueltos.
Madrugadas lucrativas
Por el contrario, para el fiscal Walter Rodríguez, Basimiani desempeñó un rol preponderante como organizador de las actividades ilícitas de comercialización de estupefacientes llevadas a cabo en –al menos– tres inmuebles. Él era el regenteador y proveedor de sustancias estupefacientes en diversos lugares de la ciudad de Santa Fe. El tenor de los diálogos verificados vía mensajes de texto revelan nítidamente que Basimiani se hallaba continuamente al tanto del giro de la empresa delictiva, y era el principal destinatario de los ingresos provenientes de la actividad ilegal lucrativa desplegada en el lugar.
De diálogos vía mensaje de texto entre un celular secuestrado a Basimiani, se desprende cuál era la recaudación de uno de los kioscos de drogas que la Justicia considera que tenía a su cargo: el 13 de septiembre, a las 19.21, le informan que “la caja” tenía 2.500 pesos. “¿Se está trabajando?” preguntan desde el celular de Basimiani poco tiempo después, “si, hay 3 mil”, le responden. Al día siguiente, desde ese mismo contacto le informan, a las 9, el monto sumaba 12.600 pesos. Había sido una madrugada lucrativa.
La investigación a Basimiani había comenzado en el mes de marzo y se perfeccionó hasta que el jueves 7 de noviembre, un operativo conjunto entre la Unidad de la Procuración de la Nación (Procunar) y la División de Operaciones Federales de la Policía Federal, derivó en la detención de Raúl Basimiani y su sobrino. La intervención de la Procunar no fue casual, sino que derivó de fuertes sospechas de cobertura policial para poder comandar y regentear kioscos de droga. Un detalle de los elementos secuestrados presiona para avalar esta teoría: en la casa de Colastiné Norte, donde Basimiani vivía con su familia hasta el jueves pasado, se encontró un chaleco antibalas de la policía provincial.
Quién lo cubre
Ese mismo domicilio, ubicado en bulevar Los Jazmines y calle Las Encinas, al este de la ruta provincial Nº 1, a la altura del kilómetro 2, fue el inmueble donde operó una de las cocinas de cocaína más importante que funcionó en Santa Fe y alrededores: la cocina de Daniel El Tuerto Mendoza, procesado el año pasado.
La caída del Tuerto Mendoza derivó en una investigación contra quien le proveía de “cobertura policial”. Entonces, cayó el ex comisario de la DGPyCA, José Luis Baella, un hombre que había sido designado por el ex jefe de la policía provincial, Hugo Tognoli. El jueves, cuando lo detuvieron a Basimiani, a los gritos el productor lanzó una promesa:“Me voy a llevar puesto a varios”. Ahora se esperan los peritajes a los equipos informáticos y a los teléfonos celulares secuestrados, que podrían arrojar los nombres de quienes cubrían su actividad.
Algunos referentes populares de la movida tropical han protagonizado procesos judiciales que tuvieron amplia cobertura mediática. Diario UNO repasa algunos de los casos más emblemáticos a nivel nacional.
Dos por abuso
A principios de 2012, la “boy band” de la movida tropical, los Wachiturros, reconocidos por las remeras rayadas de la marca del cocodrilo, llegaron a los escenarios de los bailes para hacer su pasito en más de 20 shows por fin de semana. El éxito duró hasta mayo de ese año cuando, después de un espectáculo en Las Termas de Río Hondo, la madre de una de sus fanáticas denunció a Emanuel Guidone, conocido como DJ Memo por abuso sexual.
En la década del 90, en la movida tropical se disputaba la “guerra de los colores”. Green y Red eran las bandas de cumbia que llenaban los bailes. Adrián Chelo Torres era el líder de los verdes. A mediados de 2006, fue denunciado por abuso sexual. Todo empezó en 2004 cuando Chelo se fue a vivir con la presidenta de su club de fans, Hilda Ibáñez y sus tres hijas, Daniela, Gabriela y Rocío, que tenían 15, 13 y 7 años en ese momento. La convivencia se terminó cuando Ibáñez encontró al cantante con su hija adolescente en la cama. Así descubrió que Chelo abusaba también de la menor de sus hijas, que en ese entonces tenía 8 años. En 2009, Chelo fue condenado a tres años y ocho meses de prisión por lesiones y abuso de menores.
El triple crimen de La Matanza
En el nuevo milenio muchas bandas llegaron para renovar la cumbia villera. Una de ellas fue Supermerk-2. Desde La Matanza, llegaron directo al programa Pasión de Sábado con el hit La Lata. En junio de 2006, el bajista y miembro fundador de la banda, Alejandro El Ale Mamani, entró con una 9 mm a los tiros a un cumpleaños en Laferrere, La Matanza. Desde adentro le devolvieron las balas. En total hubo más de diez disparos, tres heridos y tres muertos. Uno de ellos fue Mamani.
El Pepo de Los Gedes
En 2002 el grito de los bailes tenía forma de pregunta y una respuesta: “¿Qué vamos hacer?” decía la canción. Y el público contestaba “A geder”. La frase aparecía en “Los berretines de verduga” de “Los Gedes”, una banda de cumbia producida por Pablo Lescano. Rubén “Pepo” Castiñeiras, quien era el líder de Los Gedes, fue acusado de distintos robos y asaltos. Desde julio de este año está con salidas transitorias y bajo un régimen de libertad condicional. Es el bailantero preso más famoso de los últimos tiempos.


Comentá la nota