La basura se desparrama por toda la ciudad, mientras el viento arroja bolsas de nylon y otros elementos nocivos llegando incluso al brazo del río Senguer. Por eso la contaminación avanza ante la falta de control que desde hace algún tiempo desapareció por completo ya que el predio ni siquiera tiene cerco perimetral.
La quema de basura, sobre todo de los cables que se pueden encontrar en el lugar para extraer luego el cobre, también es una constante y el viento se ocupa de desparramar olores, humo absolutamente viciado y montañas de nylon que tapan vegetación y llegan hasta el lago, donde incluso cada tanto se ven objetos tan fuera de lugar como un colchón.
“YA NO SABEMOS QUE HACER”
Dionisia Maliqueo colabora con la vecinal del 21 de Junio, un barrio que está a menos de un kilómetro del basural. “Hemos hecho los reclamos correspondientes, tanto al municipio como al Concejo, pero cada día estamos peor, ya no sabemos qué hacer”, explica.
La vecina no oculta su bronca pero reconoce que, ante la falta de respuestas, hay como un acostumbramiento a la situación que no es bueno. “Al intendente actual, Sebastián Balochi, no le hice ninguna nota de protesta o de llamado de atención porque hicimos una cuando fue diputado y no tuvimos respuesta alguna”, resalta.
La situación del basural también mereció algunas gestiones ante el Defensor del Pueblo de la provincia, a quien Maliqueo calcula que se le pidió intervención hace unos tres años. “El tema es que nadie responde, no se controla y esto está cada vez peor”, sintetiza.
La frase lo dice todo y es elocuente porque, ante la falta de cerco perimetral, los animales se mezclan con las personas, y la basura con el suelo y el agua que todavía no estaba contaminada, pero de la que ahora se duda.
Segundo Sepúlveda es el presidente del barrio Progreso, donde está ubicado el basural y también lamenta el estado actual del predio. “Es muy triste porque uno a esta altura piensa que esto ya no tiene solución. No sé qué debería hacerse, si un pozo más grande o una reubicación, pero así no se puede seguir”, sentencia.
Sepúlveda es empleado municipal y tiene 51 años. “Cuando yo nací el basural ya estaba, pero antes me parece que se cuidaba un poco más.
Siempre que puedo hablo del tema con el intendente, que me asegura que no hay tierras para reubicarlo. En esto capaz que todos tenemos algo de culpa, pero desde el municipio se debería hacer algo urgente para mejorar lo que pasa en el basural”, concluye, casi como ruego, que no tiene eco ni respuesta ni en el municipio ni en el Concejo Deliberante de la ciudad de los lagos.

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