Escribe Omar BelloPara las empresas extranjeras que manejan el juego, Eduardo Duhalde es una suerte de Dios en la tierra. Incluso cuando el hombre ya estaba fuera de juego político, lo seguían visitando en su casa y rindiéndole pleitesía.
Ahora bien, ya instalados y con el público acostumbrado, es poco lo que se puede hacer. Si se los prohíbe lo único que ocurrirá será el surgimiento de una serie de cadenas clandestinas que, como ya sabemos, contarán con protección y entraremos en un espiral de nunca acabar: cada tanto derribarán a una para que las demás sigan funcionando y así se construirán nuevos sistemas perversos.
Con las elecciones a la vuelta de la esquina, resulta curioso que ninguno de los candidatos importantes haya levantado la bandera de la nacionalización. Si existen, son dañinos pero otorgan mucho dinero, ¿quién mejor que el estado para corregir la situación? Por un lado, podría encarar campañas en serio tendientes a minimizar los riesgos, por otro, recaudar sumas que vayan enteras a la realización de obras sociales. Sin embargo, aunque fueron capaces de meterse con otras industrias mucho más complejas y estratégicas, ésta sigue intacta en manos de privados. Es curioso: para explotar un pozo petrolero hacen falta inversiones millonarias, para poner un bingo alcanza comprar máquinas baratas que se venden en cualquier parte; raro que el estado no haya puesto su mano sobre esa caja de recaudación.
Hace poco, CODERE, la multinacional española cuyas ganancias se concentran en el país, “mandó a retiro” a toda un cúpula que había tomado hace menos de un año; es decir, ¿no será el momento indicado para hacer cambios? Por su parte, ¿alguien mira qué pasa a nivel sindical?
Si no puedes vencerlos procede a estatizarlos, sería el razonamiento más lógico. Claro que para lograr eso habría que romper con la cadena de complicidades políticas que “engordó” a uno de los negocios más corruptos del país, sobre el que nadie habla y frente al que pocos se animan: ¿Será, como dicen los chicos, que los políticos tienen la cola sucia? La relación entre las empresas de juego y distintas organizaciones, en especial dentro de la provincia de Buenos Aires, es de excelente para arriba. Muchos de los espectáculos que disfrutamos en épocas veraniegas fueron solventados por estas empresas para, de manera indirecta, apoyar a distintos personajes de la política. Ni que hablar de las coimas. La plata va y viene hasta en baúles de los autos; otra que las famosas bolsas de Jorge Lanata.
Ante la evidencia del desastre, la nacionalización resulta imperiosa. Los distintos candidatos deberían explicarle a la gente que pocos países del mundo permiten que sus ciudadanos sean esquilmados por empresas privadas, y que si esta situación se mantiene en el tiempo es debido a que la corrupción la sostiene. No estoy de acuerdo con el juego, al mismo tiempo sé que es una realidad que va a seguir creciendo y, por tal motivo, tiene que estar en manos del estado. Todo bien con YPF y Aerolíneas, pero esto es plata constante y sonante que, hasta que podamos corregir los efectos negativos que produjo su instalación, al menos podría ir a parar a los más pobres en serio. ¿Qué se lo van a robar los políticos? Puede ser, aunque les aseguro que cuando se juntan políticos y privados, el resultado es aún peor que los bolsos voladores.



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