En Bengasi, los opositores formaron gobierno. Cómo es su ejército y cuál será la estrategia para derrocar al dictador. La relación de los rebeldes con Occidente y el recuerdo de Osama bin Laden.
A las armas. Los rebeldes libios festejaban ayer en Bengasi la formación de un nuevo gobierno que ya administra la tercera parte del país. Buscan derrocar a Kadafi. Los combates dejaron ayer 200 muertos.
Del fuego de la rebelión árabe en el norte africano, nació ayer oficialmente la “nueva Libia”. Con sede en Bengasi, la ciudad más importante del oriente del país que alcanzó su esplendor antes de la revolución de Muamar Kadafi en 1969 y la vieja bandera tricolor de la monarquía como emblema, el Consejo Nacional del Estado rebelde forjado para capitanear la transición post Kadafi se reunió ayer por primera vez y se autoproclamó como único representante legítimo del pueblo libio.
Liderado por el ex ministro de Justicia de Kadafi, Moustapha Abdeljalil, uno de los primeros en cruzar al bando rebelde, el Consejo nuclea a treinta representantes de las ciudades donde ya no flamea el paño verde de la “Jamahiriya”. Un comité tripartito a modo de gabinete de crisis lo completa con Omar Hariri, antiguo compañero de armas de Kadafi en 1969 y luego encarcelado, a cargo de los asuntos militares, Ali Essawi, ex embajador libio en India, como virtual canciller y el intelectual Mahmoud Jebril en la coordinación general. “Lo que está naciendo es en interés del bien público”, lo ungió ayer el filósofo francés Bernard-Henri Levy, testigo de la gesta.
No hay uniformes en el ejército irregular de la “nueva Libia”. Los milicianos combinan pantalones camuflados con camperas deportivas o sólo llevan un distintivo rojo para reconocerse en la batalla. Aunque por ahora sólo cuentan con 10 mil voluntarios pobremente armados, el coronel converso Hamid Sanussi sueña con lanzar la Brigada de los Mártires, una fuerza de 50 mil jóvenes del Oriente rebelde, en el asalto final a Trípoli.
“En el ‘Estado de masas’ de Kadafi no existía una estructura que sirviera de base a la transición. El desafío es crear toda una estructura constitucional para garantizar derechos y libertades”, afirmó ayer el analista libio Ahmed Attiga, desde Ammán, en un programa especial de la cadena televisiva Al Jazeera destinado a la “nueva Libia”.
En efecto, el Consejo nacional anunció que se convocará a elecciones en tres meses y desde Washington, el fundador del Frente Nacional para la Salvación de Libia, Ibrahim Sahad, adelantó que preparan una Constitución que algunos imaginan inspirada en la Carta Magna de 1952, con las reformas necesarias para garantizar la pluralidad política. Para ello, sin embargo, hay una eternidad de faccionismo tribal por superar.
Mientras tanto, con Kadafi cercado en Trípoli y la sangre dirimiendo la suerte de ciudades clave en el engranaje petrolero libio como Al Zauiya, donde ayer se hablaba de 200 muertos, los rebeldes aguardan por la ayuda de Occidente en forma de armas, como alguna vez Estados Unidos hizo con los talibanes que enfrentaron al imperio soviético en Afganistán. A cambio, mantienen el control sobre el grueso de los pozos petroleros y custodian que el grifo hacia Europa siga abierto. Quizás el mayor capital de este incipiente “estado” transitorio.
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