Nace el operativo clamor para que Strauss-Kahn regrese a la política

Un grupo de jóvenes socialistas apoya al economista. Pero el 75% de los franceses no lo respalda. El ex jefe del FMI empezó terapia para combatir su adicción al sexo.
Un puñado de jóvenes socialistas franceses –decepcionados con la candidatura de François Hollande para enfrentar a Nicolas Sarkozy en la elección presidencial de abril de 2012– cree que Dominique Strauss-Kahn aún tiene una posibilidad de intervenir en esa batalla decisiva.

Es que dos investigaciones divulgadas en los últimos diez días pretenden demostrar que DSK fue víctima de un complot urdido por Sarkozy para pulverizar la candidatura del adversario con más posibilidades de reemplazarlo en el Palacio del Elíseo. La teoría de los jóvenes es que, si se confirma que la mucama del Hotel Sofitel de Nueva York le tendió una celada, DSK quedaría limpio de culpa y cargo, y podría salir de nuevo al ruedo político. Con excepción del Partido Socialista, donde la iniciativa juvenil fue criticada con severidad, la idea no encontró eco en la prensa ni en la opinión pública. Ese desinterés se explica por el tremendo deterioro que sufrió la imagen de DSK. En los últimos seis meses perdió todo su capital político e incluso su prestigio personal.

El escándalo que protagonizó en Estados Unidos destruyó el enorme prestigio que había acumulado como director general del FMI y dinamitó el gigantesco caudal de popularidad que tenía en Francia.

En ese contexto, apareció en Francia el libro Affaires DSK, la contre-enquête (Los casos DSK, la contrainvestigación), publicado el jueves último. Allí se sostiene que el economista cayó en una trampa de seducción tendida por Nefiastu Dialo. Ese documento, sin embargo, presenta dos inconvenientes. Por un lado está basado en declaraciones de Strauss-Kahn. Por otra parte, está firmado por el periodista francés Michel Taubmann, un viejo amigo de DSK considerado como biógrafo oficial. Además de haber escrito un libro anterior sobre el ex director del Fondo, forma parte del restringido grupo de amigos que DSK siguió recibiendo en Nueva York y París después de la ola de escándalos.

Aunque pueda demostrar que no agredió sexualmente a la mucama del Sofitel, sino que sólo tuvo una relación sexual “consentida pero estúpida”, todavía quedan las manchas –tal vez imborrables– que dejaron las recientes revelaciones sobre sus desenfrenos sexuales. Esas actividades libertinas, que iban desde relaciones con prostitutas hasta orgías, quedaron al descubierto en el marco de una investigación sobre una red de prostitución que tenía su epicentro en el Hotel Carlton de la ciudad de Lille, en el norte de Francia.

En ese contexto, parece difícil imaginar un regreso de DSK a la política. Una reciente encuesta mostró que 75% de la opinión pública no desea que tenga responsabilidades públicas. Más de 80% de las mujeres lo considera un “hombre peligroso”. Hasta sus amigos políticos se alejaron de su vida. Pierre Moscovici, François Rebsamen y Jean-Christophe Cambadelis dejaron de verlo. Incluso su esposa, la millonaria periodista Anne Sinclair, decidió tomar distancia y se instaló en Nueva York.

Para poder iniciar un nuevo ciclo de vida, Strauss-Khan comenzó una terapia para combatir su adicción al sexo. Algunos amigos sostienen que también está sometido a fuertes dosis de sedantes para evitar que se agudice la severa depresión que padece en estos días. Ese derrumbe al abismo psicológico comenzó cuando comprendió la realidad de su situación: del político más brillante de su generación sólo queda un puñado de cenizas. Todo se esfumó en un hotel de los Estados Unidos.

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