“El Museo Udaondo está lleno de mitos”

El director del Complejo, Andrés Mage, dialogó con EL CIVISMO y evaluó su gestión. Habló de avances en obras pero apuntó siempre al aporte de los empleados del lugar. Trazó objetivos: Sala Belgrano, Automóvil, Modas y la unidad de archivo y biblioteca.

Inició su gestión como director a fines de mayo del año pasado. Desde entonces esquivó el contacto con la prensa, entendiendo que no era prioritario y que tampoco ayudaba comunicar lo que aún estaba en ciernes. A varios meses del comienzo de su tarea al frente del Complejo Museográfico Enrique Udaondo, Andrés Mage dialogó con EL CIVISMO y compartió una breve recorrida por algunos de los espacios intervenidos.

“Estoy muy contento con lo que vamos haciendo. Hemos tratado de trabajar más en el plano de las urgencias. Y también cuestiones prioritarias o importantes. Por eso hay cosas que se hicieron y se ven y otras no, en especial relacionadas con manejos administrativos o con el cuidado o preservación de los bienes del Museo”, expresó Mage.

Según dijo el director del Udaondo, “una de las prioridades es tratar de estar lo menos expuestos posible al flagelo de las inundaciones. Quizás la medida de mayor urgencia fue el esfuerzo para poner sobre la altura de la cota de la inundación, en particular, las salas más cercanas a la Terminal. Eso no estaba "visitable" y había carruajes y muchos objetos en el piso. Se aprovecharon e improvisaron tarimas y hoy muchos miles de objetos están por encima de 1,85 metros. En noviembre de 2012 el agua ingresó en esa zona, como en el Museo de Transporte y en parte del Cabildo y la Capilla y también unos centímetros en la Casa de Pepa Galarza”.

“Hoy estamos más tranquilos. No absolutamente, pero se mejoró. Además, al hacer ese proceso de limpieza y ordenamiento se recuperaron espacios para el montaje. Esto pasó con el pabellón Belgrano y todo el Museo del Automóvil cerrado desde 1998. Hoy están para su montaje”, aseguró.

- Igualmente, está en marcha un proyecto para ampliar esa protección ante posibles inundaciones.

- “Sí. Estamos trabajando en un informe preparado por Eduardo Maggio, del cuerpo de oficiales de Policía de Bombero. Como trabajo de una tesis hizo una delimitación detallada de cada inundación y los niveles de cota. Una de las ideas era reducir los espacios de ingreso del agua, porque a través de la pared no puede. Si cerramos ciertas entradas no seremos originales. Por eso en las puertas de las salas subsisten unas guías que permitirían poner maderas. La idea es contar con placas de metal que nos permitan cerrar muchos de los accesos que no tienen lógica que estén abiertos. En el sitio de la Casa de Pepa Galarza, con un tabique de pared de un metro y medio, la protección es grande, porque su umbral es alto. Por supuesto que el desborde de 1985 fue extraordinario, pero hubo otros que se podrían controlar mejor. De lo contrario se ponen en riesgo objetos y también montaje de salas, que es mucho más que los objetos”.

En el horizonte inmediato de objetivos, el director del Museo habló de la comunicación. Puntualmente, dijo “profundizar el trabajo de comunicación”.

“Se viene haciendo mucho a través de las redes sociales. Creemos que nos está yendo bien. Ahí contamos qué se hace en el Museo; contamos cómo se prepara una sala; cómo se digitaliza el archivo; cómo trabaja el archivo y la biblioteca. Y qué roles tiene cada uno en el Museo. También contamos efemérides o retazos de la historia. Hablamos de las inauguraciones y hasta armamos juegos. Eso lo hace el personal del Museo. Se hicieron muchos videos cortos y sirven para cuando nos visitan los chicos de escuelas o para que puedan verlos en cualquier punto del mundo a través de internet”, enumeró Mage.

También para el corriente año se apunta a “mejoras en la infraestructura. Se hará un esfuerzo grande para superar déficit de salas emblemáticas que permanecen cerradas, como la Belgrano. Es un pabellón que se levantó con los primeros dineros del Instituto Belgraniano. Y con ellos mismos trabajamos para que vuelva a ser una realidad. Queremos reabrir el espacio del Automóvil, pero con otro relato. Modas también está cerrada hace muchos años. Gaucho y Sala Furt también llevan cerradas mucho tiempo, tal vez por deficiencias en la infraestructura que no son enormemente significativas. No las subestimo, pero se pueden arreglar con esfuerzos combinados y con curadores del equipo del Museo pero también externos”.

- Uno de los espacios que, por su uso, empujaba la apertura del Museo hacia la comunidad es el Salón Balcarce. ¿En qué situación se encuentra?

- “Por recomendación de las oficinas técnicas del Instituto Cultural, está cerrado. El Museo tiene, dentro del paquete de posibilidades y gestiones, la posibilidad de inversión para grandes infraestructuras. Sería un golazo arreglarlo, pero apuntar al Balcarce nos puede disuadir de solucionar pequeños problemas para grandes avances. En ese salón disertó Félix Luna, Felipe Pigna, Jaime Etcheverry, entre muchos otros. Hay que recuperar el ciclo de conferencias, pero por ahora para eso tenemos el salón Beschtedt. El pabellón Belgrano hoy de afuera se ve feo, pero adentro está pintado y para ser montado. En ese contexto sería una locura el esfuerzo en el Balcarce. Daría mejor efecto abrir otros espacios que permitirían sacar y mostrar reservas del Museo. Además al pabellón Belgrano lo queremos reabrir con un relato que apunte a uno de los padres de la patria. Se conoce mucho del general, del creador de la bandera, pero podemos contar sobre el economista, sobre sus escritos de educación, sobre su empleo en el consulado, sobre el periodista. Tenemos piezas significativas sobre su historia y el espacio para montarlo prácticamente está listo y suma un parque precioso con una galería de cañones”.

- Una actividad que se evaluó como exitosa fue el ciclo de cine para chicos en vacaciones. Tengo entendido que surgió de los empleados del Museo.

- “Económicamente, no costó nada hacerlo. La verdad es que el Museo está lleno de mitos alrededor de su gente, de los voluntarios, las relaciones con los distintos órganos de gobierno. Cuando arrancamos pensamos que en el salón Beschtedt teníamos proyector, parlantes, sillas. Los empleados fueron los que hicieron la propuesta. Se generaron pequeños equipos de trabajo. Y el hecho de traer a los chicos, que vinieron más de 2.500, generó una respuesta enorme, pero también venían los grandes. Es algo que pone el acento en el Museo como rol de educador y la excusa fue una película, aunque haya sido de Disney. Vos en primera instancia no podés buscar todo. Primero vinieron. Después, el Día del Niño, el grupo de Edith y Rosita hizo visitas guiadas con juegos. La gente vino porque ya había venido al cine. Todo a costo cero. Sólo le metieron onda a que el Museo tenga una mirada más amigable. Esto pasa en muchos museos de Argentina y el mundo”.

Según Mage “antes se iba más al Museo con la escuela para hacer investigaciones y visitas. Queremos volver a eso, sumadas a las escuelas que vienen espontáneamente. A todas las que pasan les pedimos el mail, les sacamos fotos, contamos que vinieron. Tenemos que incrementar el nivel de diálogo. Para eso también trabajamos en un certamen histórico. Es una pena tener un patrimonio tan significativo sin intercambio”.

- Hay impedimentos para aquellos que quieren investigar con los archivos del Museo.

- “Con eso afrontamos otro desafío. Unificar la biblioteca y el archivo. En enero y febrero se está terminando un espacio en segunda planta. Estamos con la Museografía y contemplamos armar un espacio de lectura en la Sala Padre Salvaire y la investigación en otro sitio. El material es valiosísimo. Y todos queremos recibir aportes, en especial de la UNLu. Sería espectacular contar con la carrera de Museología abierta dentro del Museo. Hay acuerdos con otras universidades y queremos avanzar. Hay que buscar que otros especialistas colaboren con diferentes visiones”.

- Intentó sumar al Museo actividades del Teatro el Galpón. Pero no lo logró.

- “Cuando El Galpón tuvo su problema en la calle Francia, ofrecí ayudar para la continuidad de los talleres. Dentro del mismo grupo había diferentes opiniones. Les dimos una mano facilitando un espacio, como lo hacemos con cualquier espacio de bien público y más si es un grupo de teatro. Que hoy tengan su lugar independiente no quita que vengan a dar una función al Museo. Nos encanta trabajar con los diferentes actores de la comunidad”.

- ¿Qué puede decir sobre el control que se tiene del patrimonio y los préstamos? Se ven elementos del Museo Udaondo en muchos espacios culturales del país.

- “En el Museo hay varios registros, algunos desde la época del propio Udaondo. Queda un cuaderno personal de él. Hay inventarios. Y la biblioteca trabaja con una digitalización de más de 200 mil piezas. Y Provincia creó un programa de digitalización. Eso es mejor que recorrer anaqueles de libros. Pero todo no está digitalizado. Además, cada pieza que se suma a esa digitalización hay que compararla con cada registro anterior. Porque los criterios en 90 años fueron diferentes. Por ejemplo, una tetera pudo registrarse como un objeto o la tapa aparte. Hay mil variantes. Seguiremos avanzando en esa tarea. De eso nos interesa el listado y lo otro es la patrimonización que es lo que permite el avalúo. Si tenés que prestar una pieza tenés que tener ese trabajo. Y en esos registros tienen que constar las exposiciones, porque cada una de ella se transforma en patrimonio inmaterial”.

Mage explicó este último concepto: “Armar La Cultura del Trabajo es un cuadro conceptual que tiene más valor que cada pieza por separado, por dar un ejemplo. También se deben registrar las restauraciones. Tenemos a una especialista en pintura de caballete como Gladys Scarnatto, pero también hace otras cosas. Sin embargo, el acervo es de semejante magnitud que es imposible tener especialistas en papel, en vehículos, en abanicos, en textiles. Para mí el futuro tiene que ver con la interrelación con otros organismos, incluso del exterior. Y con investigadores o restauradores independientes”.

- Insisto, ¿hay control estricto de los préstamos?

- “Siempre hubo un sistema de préstamos en el Museo. Con eso no digo que tal vez en algún momento hubo arbitrariedades. El sistema se fue profesionalizando y hay que profundizarlo. Más aún el tema del manejo del patrimonio. Que es mucho más que el inventario. Juntás tres rodados y el valor es mayor que cada uno por separado, pero se arma un concepto. Las cosas sirven para educar y contar historias. En eso Udaondo fue un visionario. Y por eso preservó hasta herramientas. Si tenés el baúl en el que San Martín llevaba sus libros y tenés el listado de esos libros, tenés la ideología de San Martín. Te permite contar sus valores”.

- Usted tiene un cargo político. ¿Cómo transitó de mayo a la actualidad las relaciones político-partidarias?

- “Trato de ser una persona prudente porque el Museo es de todos. Está abierto a todos los sectores políticos de Luján y también de Buenos Aires. Nos parece razonable recibir a cualquier actor de la política. Ocurrió que en el lapso de la campaña en lo personal sucedió algo que me demandó mucho. Mi papá estuvo internado dos meses y después falleció. No me dejó demasiado tiempo para pensar en esas relaciones. Igual tengo un excelente trato con el espectro electoral de Luján. Incluso con líneas internas”.

- Con Provincia, ¿cómo está la relación? Porque al asumir se hablaba desde Provincia de su nombramiento casi con resignación.

- “Desde lo personal, que hayan puesto los ojos en mí fue un profundo honor. En mi casa de chico el Museo era un lugar soñado. Mi papá iba a las reuniones en el Museo y era presencia constante, como uno de los grandes lugares históricos de Luján. Es verdad que hacía muchos años que no había director de esta ciudad. Y también es cierto que toda mi fortaleza está con la gente y los empleados o las entidades dispuestas a colaborar. Pero en Provincia tengo que aprender el camino. No soy funcionario de carrera. No soy político de carrera. Yo no conocía a Marian Farias Gómez como funcionaria y ella se reía porque nos conocíamos pero porque yo siempre iba a quejarme como voluntario. Fuimos a reclamar ante todos. Por lo pronto, al final del año recibí con mucha alegría la salutación y la satisfacción con lo que está pasando con el Museo. Igual, no hay nada que se logre en lo personal. Hay un trabajo enorme de los empleados, de los funcionarios y de un grupo de la Cooperativa Argentina Trabaja”.

5

pesos cuesta la entrada al Museo Udaondo. 4 corresponden a la entrada y 1 peso de bono contribución.

2

metros quieren levantar el Plus Ultra, de modo de generar un espacio de circulación que permita ampliar los usos de ese pabellón.

2.500

chicos pasaron por el ciclo de cine gratuito realizado en las vacaciones de invierno.

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