Murió el represor Acdel Vilas, temible jefe del V Cuerpo del Ejército durante la última dictadura

El represor Acdel Vilas falleció el viernes, en Buenos Aires sin haber sido juzgado por su accionar en la última dictadura militar en Argentina. Vilas había comandado el Operativo Independencia en Tucumán, siendo el predecesor de Antonio Domingo Bussi en esa tarea y había estado a cargo de la zona de Bahía Blanca y gran parte del sur argentino.
Después del golpe de 1976, Vilas asumió como segundo comandante del V Cuerpo de Ejército y jefe de la subzona militar 51. Por ende, manejó los centros clandestinos La Escuelita, en el Regimiento 181 de Comunicaciones, y el que funcionó en la Base Naval de Puerto Belgrano.

El ex fiscal Hugo Cañón, quien lo enjuició antes de las leyes de Obediencia Debida y Punta Final, lo definió como “un represor temible”, y recordó que fue uno de los militares “que mayores aportes hizo durante su declaración indagatoria”.

Apenas cuatro militares despidieron ayer en el Cementerio de la Chacarita los restos del ex general Vilas.

El represor fue acusado por delitos de lesa humanidad, pero nunca fue condenado por sus crímenes: en 1988 fue desprocesado por la Corte Suprema de Justicia a partir de la Ley de Punto Final; en 1989 fue indultado por el presidente Carlos Menem por las torturas y el homicidio del senador radical Mario Abel Amaya y finalmente, por su deteriorado estado de salud, no pudo ser juzgado luego de que el Congreso y la Corte anularan “las leyes del perdón”.

La llegada de Vilas a Tucumán fue una casualidad. Quedó al frente de la V Brigada de Infantería luego de un accidente de avión donde murieron 13 oficiales de alto rango. Allí pudo poner en práctica las enseñanzas del Ejército francés durante la guerra de Argelia, contadas en su libro de cabecera Guerra, Subversión, Revolución, del teniente coronel Roger Trinquier, para combatir la guerrilla rural del ERP y “extirpar el cáncer marxista” de la sociedad.

“El desafío estaba allí, esperando que alguien lo tomara. Dios quiso que fuera yo quien tuviera la responsabilidad de llevar a las armas argentinas al triunfo...o al fracaso”, contó en su diario Tucumán, de enero a diciembre de 1975, y agregó: “Mi intención, de allí en más, fue la de suplantar, aún utilizando métodos que me estuvieron vedados, la autoridad política de la provincia de Tucumán, tratando de superar el brote guerrillero marxista que tenía en vilo a los tucumanos y amenazaba expandirse a otras provincias.”

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