También se piensa en otras opciones, como entregar herramientas e impulsar oficios entre los “carreros”. Como contrapartida, estas familias deberán entregar el caballo, que quedará a cargo de asociaciones proteccionistas.
La idea es reconvertir el trabajo de estas personas y reemplazar, paulatinamente, la tracción a sangre por otros medios y formas de sustento. La primera opción es trocar el carro por bicicletas eléctricas, a las que se les engancha un trailer con capacidad para transportar 120 kilos. Otra de las alternativas es capacitar laboralmente a los carreros y ofrecerles herramientas para concretar microemprendimientos. Para ello, la Municipalidad está relevando las capacidades de cada uno. Se pretende que los que ya manejan un oficio puedan vivir de eso o realizar trabajos comunitarios.
Todas estas posibilidades implican, como contrapartida, la entrega del carro y el caballo. El primero será destruido, en tanto que el animal será entregado a las asociaciones proteccionistas.
Cuando estas medidas entren en vigencia —se elevará un proyecto de ordenanza al Concejo Municipal—, no se permitirá la circulación de carros que no estén registrados ni el ingreso de nuevos carros a la ciudad.
Los animales están siendo identificados con un precinto, colocado en la cola. Este registro obligatorio permitirá conocer cuántos caballos hay en la ciudad y hacer un seguimiento de su situación.
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