Así lo aseguró el magistrado federal a cargo de la investigación judicial al primer cuerpo del ejército argentino que ya lleva más de 120 represores procesados por delitos de lesa humanidad. Participó junto al periodista Eduardo Anguita de la disertación convocada, a 35 años del último golpe militar, por la Dirección de Derechos Humanos local. El encuentro tuvo como objetivo profundizar la recuperación de la memoria.
Rafecas, titular del Juzgado Federal Nº 3, es el magistrado abocado a la instrucción en la megacausa sobre el primer cuerpo del ejército -la cual ya lleva más de 120 represores procesados, y más de mil víctimas judicializadas- por los delitos de lesa humanidad que se cometieron en varios centros clandestinos de represión; entre ellos, el ubicado en el distrito de La Matanza, denominado El Vesubio, de Ciudad Evita.
Al respecto, mencionó que seguramente la próxima “condena” de represores, será por este proceso que continúa en desarrollo, en donde “hay como doce imputados”. “Y después de estos van a haber muchos otros juicios más como Mansión Seré o el Regimiento de Infantería 3 de La Tablada. Y no solamente en la provincia de Buenos Aires, sino en todo el país”, vaticinó. Anunció que la próxima semana será el turno del veredicto “respecto de una decena de perpetradores de lo que fue la represión en el centro clandestino llamado automotores Orletti”.
Reactivación ejemplar
“Este tipo de charlas me sirve para no sentirme tan solo en esta lucha que estamos llevando adelante”, comenzó su alocución. Además, recordó: “Cuando asumí en 2004 estaba todo por hacer, estaba todo parado desde 1986, cuando se sancionaron las leyes primero de Obediencia de Vida y luego la de Punto Final” y aseguró que hoy podemos garantizar que los juicios a los genocidas del pueblo argentino van a continuar aunque cambien las coyunturas políticas del país para que “la memoria quede para siempre grabada en la Argentina”.
Rafecas resaltó la trascendencia de estos procesos judiciales que se están llevando adelante en todo el territorio en este momento, y están siendo seguidos desde muchos lugares como un ejemplo. “Hay muy pocos casos en la historia de occidente en donde un país después de treinta años haya logrado llevar adelante un proceso judicial con la profundidad que nosotros lo estamos encarando. Con más de mil imputados bajo proceso y condenados en todo el país”, precisó.
Asimimso, resaltó también la importancia del acompañamiento de los jueces, fiscales, del poder político, e incluso de los organismos de derechos humanos y de los querellantes, respecto del “convencimiento por respetarles las garantías del debido proceso a estos imputados: militares, policías, represores en general” como ser el “derecho a la defensa, el derecho a un juicio justo”.
En ese sentido destacó que este respeto “nos diferencia la justicia de la democracia de lo que fue la justicia del estado autoritario, en donde una persona en un centro clandestino tenía en sus manos la vida o la muerte de cada uno de los cautivos y definía el traslado o la legalización a través de una suerte de justicia policial”.
No obstante, advirtió que “aún con estas garantías constitucionales, miles de imputados van a ser condenados a prisión perpetua, en todas las instancias y de manera irrevocable”.
Acerca de su presencia en la charla organizada por la Dirección municipal de Derechos Humanos, el magistrado dijo que “siento una obligación moral estar acá”, y argumentó: “Más allá de que estamos conmemorando lo que fue la dictadura para no olvidar, sobre todo pensando en las nuevas generaciones, yo lo siento también como un cometido que tiene que ver con mi trabajo, que los jueces no somos de otro país, ni de otra clases social, sino que somos ciudadanos como todos ustedes”.
Por lo que sintetizó: “Vengo a decir acá que los proceso de verdad y justicia que se están llevando adelante en el poder judicial llegaron para quedarse, no van a modificar su rumbo, no se van a detener, tenemos por delante muchos años todavía de juicios, de condenas y de consagración de lo que fue la verdad en los hechos”.
Por último, respecto a las pautas de judicialización, fijadas como “políticas de Estado”, explicó que “estos procesos que se están llevando a cabo con todas las garantías constitucionales tienen que alcanzar no sólo a los perpetradores directos, a los autores de las torturas, o a los mandos militares que pidieron esas órdenes, sino a todos los cómplices, encubridores, y todos aquellos que hayan ejercido distintos roles criminales respecto de esos delitos e indirectamente de la implantación de un modelo de país que quiso instalar la dictadura militar; un modelo regresivo, autoritario, verticalizado, antidemocrático, antiliberal”.
Visión periodística
El otro invitado al encuentro, el periodista y director del diario “Miradas al Sur” y colaborador de “Tiempo Argentino”, Eduardo Anguita, consideró que “este tipo de experiencias y la disposición de este tipo de espacios es un desafío para que todos puedan comprender y entender la diferencia que existe entre una ética, la de la democracia, y la falta de ética del autoritarismo”.
“No tenemos que olvidar que todos los avances institucionales tienen algo previo que son las políticas, en el mejor sentido de la palabra; lo que nos dignifica es la política, con la identidad popular y con la identidad de quienes han sido los grandes lideres de la Argentina y de los miles compañeros que han luchado y hoy no están.”, resaltó Anguita.
Finalmente, contó: “Fernando (Espinoza) me decía ‘nosotros tenemos 500 desaparecidos en La Matanza’ y yo pensaba cuántos otros son los desaparecidos sociales, que perdieron el trabajo a la par de un plan genocida muy inteligente que tenía desempleizar porque sino no había para ellos modelo de país posible; y lo hicieron sin que les tiemble el pulso. Del mismo modo, hoy hay muchos intelectuales, dirigentes y empresarios a los que no les tiembla el pulso para decir que cada fábrica es una batalla ganada a aquel plan de desindustrialización”.
El último en hablar fue el intendente Fernando Espinoza, quien calificó las presencias de Rafecas y Anguita como “un honor enorme para mi”.
Por otra parte, el jefe comunal recordó que La Matanza fue “la capital nacional de la industria, a partir del peronismo y que a partir de la dictadura, en La Matanza comenzaron los grandes males estratégicos que tenemos. Y le conté ya a Eduardo, que el ‘Que se vayan todos’ acá lo hicimos en 1999”.

Comentá la nota