Por Fernando StanichEl gobernador, José Alperovich, transitará el último año y medio de gestión con el traje de intendente. No se trata de una decisión antojadiza, sino de una estrategia política del mandatario -devenido lord mayor- para desalentar el exitismo de Domingo Amaya.
Primero fue la erradicación de los vendedores ambulantes. El gobernador aprovechó la ausencia del intendente -veraneaba en Pinamar- para avanzar contra un viejo reclamo de la clase media. Para no quedar fuera de la foto, finalmente el secretario de Gobierno amayista, Germán Alfaro, se subió a la arremetida en las peatonales. Más aquí en el tiempo, el alperovichismo hizo suya una idea del intendente y le copió, sin pagar derecho de autor, un plan que consiste en llevar las oficinas públicas a los barrios. Como era de prever, la Casa de Gobierno puso “Tucumán en Acción” en la capital y de inmediato, la Municipalidad puso el grito en el cielo, indignada por el menosprecio al tradicional “Municipio en los Barrios”. Ahora, el José intendente busca aprovecharse de la billetera abultada del José candidato (López, el secretario de Obras Públicas nacional al que de repente le vino un ataque de tucumanidad) para reinstalar la posibilidad de convertir al microcentro en un shopping a cielo abierto.
La particularidad de estos meses de disputa oficialista en la capital es que se contraponen un intendente real, pero ausente, contra uno virtual, aunque presente. Amaya reparte su aflicción por conseguir fondos para gestionar sin depender del alperovichismo, con el lobbie político en Buenos Aires. Su preocupación es lograr que la Casa Rosada lo imponga como el sucesor kirchnerista en Tucumán, en desmedro de quien resulte elegido por Alperovich para continuar su mandato. El ex secretario de Turismo se aferra a esa ilusión en una carrera contra el tiempo, ya que con cada día que pasa consume un poco más del margen que le queda para diferenciarse de su ex jefe político. De hecho, esa posición híbrida del jefe municipal ya genera murmullos entre sus aliados. Hay posturas más radicales, como la del propio Alfaro, que brinda con el massismo y conversa con el canismo. El funcionario considera que este es el momento para que Amaya comience a diferenciarse de Alperovich. El intendente, en cambio, cree que este es un período para mantener el perfil bajo, gestionar y llegar con oxígeno electoral a los primeros meses de 2015.
El alperovichismo ametrallará la resistencia amayista a puro clientelismo. El arma escogida, para esta etapa, son los módulos habitacionales. Alperovich consiguió un cupo de 4.000 beneficios, y pidió a los legisladores y concejales capitalinos que le responden que tilden a los vecinos que escogerán para mejorar sus viviendas. Excluidos, por cierto, quedaron los referentes amayistas. La próxima fase se dará en los accesos a la ciudad, otra de las eternas críticas a Tucumán. El legislador Carlos Assán anidó en las oficinas del ministro del Interior, Osvaldo Jaldo, y está a un paso de conseguir que le permitan dejar la banca para supervisar la limpieza de la periferia capitalina. Aquí celebra el Osvaldo candidato, que tendrá un sonajero propio para hacer barullo en San Miguel de Tucumán, sin necesidad de que se escuche la voz del Grupo Terraza, ese espacio que lideran Carolina Vargas Aignasse, Marcelo Caponio y Guillermo Gassenbauer.
Se ve, la Municipalización de José persigue, además del barrido amayista, una limpieza interna.









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