Por Rosendo FragaEn abril pasado, el FMI anunció que había realizado un recálculo de la metodología con la cual estaba midiendo el PBI, de acuerdo con el cual la economía china no iba a ser más grande que la de Estados Unidos en 2025 o 2030 sino apenas dentro de un lustro, en 2016.
Se trata de un recálculo económico que tiene gran impacto político y estratégico y que, en mi opinión, se encuentra detrás de la crisis global con centro en el mundo desarrollado, que se ha acelerado.
Hace un cuarto de siglo, a mediados de los años 80, las señales políticas, culturales, científicas y económicas señalaban que la Unión Soviética había entrado en un camino de decadencia y que rondando 2010 se disolvería a consecuencia de un proceso gradual, que ya se percibía como inevitable en el largo plazo.
Sin embargo, una vez que comenzó, la velocidad fue mucho mayor que la prevista. Al preguntársele si había previsto el fin de la URSS, Zbigniew Brzezinski, director del Consejo de Seguridad de Estados Unidos en el gobierno de Carter, dijo: "Yo sabía que esto iba a pasar, pero nunca pensé que iba a ser tan rápido".
En la primera década del siglo XXI ya era evidente que Estados Unidos dejaría de ser la única hiperpotencia, que la economía china la superaría en un par de décadas y que Europa entraría en un período de decadencia relativa.
El proceso, previsto como una evolución global a lo largo de dos décadas o un cuarto de siglo, parece haberse acelerado por tres fenómenos: la crisis del sistema político estadounidense frente a la amenaza del default, la falta de un liderazgo europeo para lidiar con el problema de la deuda y las limitaciones de Japón frente a la fuga de las centrales nucleares.
La cuestión es que esta aceleración del retroceso del mundo desarrollado en términos estratégicos se está dando a una velocidad mayor, sin darle tiempo al mundo emergente para asumir responsabilidades globales más importantes.
Todavía hoy Estados Unidos representa algo más de un quinto del PBI mundial, pero su gasto militar -que todavía supera el 40% del total mundial- es entre ocho y nueve veces mayor que el chino.
La potencia asiática está botando sus primeros portaaviones cuando todavía tiene frente a sus costas dos de las siete flotas de Estados Unidos, con un poder ofensivo mucho mayor que el de la armada china. Tanto en Japón como en Corea del Sur hay bases militares estadounidenses con decenas de miles de hombres y misiles nucleares. Sigue vigente la garantía de seguridad de Washington a Taiwan, por la cual su gobierno puede seguir rechazando la propuesta de un país con dos sistemas que aceptó el Reino Unido para Hong Kong hacia fines de los años 90.
Para China, la cuestión estratégica sigue siendo todavía no su rol como potencia global, sino como potencia asiática.
Hacia fines de los años 80, tres hechos precipitaron la caída del régimen soviético: en lo científico, el desastre de Chernobyl; en lo militar, el fracaso en Afganistán, y en lo económico, la gran baja en el precio del petróleo (en 1990 llegó a tocar los 12 dólares), que impidió a la URSS seguir financiando su ineficiencia.
Fueron los tres grandes aceleradores del proceso de cambio mundial que llevó a que ocurriera en pocos años lo que se preveía que sería la consecuencia de procesos graduales que durarían décadas.
Ahora, Afganistán vuelve a jugar un rol en lo militar; aparecen las filtraciones nucleares en Japón, que es la segunda potencia del mundo desarrollado, y la posibilidad de defaults en el mundo desarrollado es un hecho económico que está poniendo en evidencia las limitaciones de Estados Unidos para evitar la propagación de las crisis globales.
Estados Unidos ha iniciado un proceso de decadencia relativa o de ajuste para volver a ser sólo una gran potencia, que por varias décadas seguirá teniendo el liderazgo científico-tecnológico y que además es el tercer país del mundo por el valor de sus recursos naturales, después de China y Brasil.
Este país y Europa están dejando de ser lo que eran más rápidamente de lo previsto. Pero el problema es que el mundo emergente tiene fuertes limitaciones para responder al nuevo escenario con la misma velocidad.
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