Familiares y amigos despiden al joven asesinado en la batalla gremial de Barracas. Anoche, la Justicia entregó el cuerpo del joven a la familia, luego de que se le realizara la autopsia
Los restos de Mariano Ferreyra, el militante del Partido Obrero asesinado el miércoles durante un enfrentamiento sindical con la Unión Ferroviaria, son inhumados en el cementerio de Avellaneda.
La ceremonia comenzó a las 11.30 en el campo santo municipal de ese partido bonaerense, con la participación de una multitud, compuesta en su mayoría por miembros de espacios políticos de izquierda.
Previamente, los allegados más íntimos a Ferreyra le brindaron el último adiós en una ceremonia privada realizada en una casa velatoria ubicada en la avenida Mitre al 3600 de Sarandí.
El joven arrancó desde muy chico a militar en política y ya con 13 años acompañó a su hermano mayor a la manifestación que terminó con los crímenes de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, ocurrida en junio de 2002.
Ferreyra era un joven introvertido que nació en Sarandí, donde vivía con sus padres y su hermana más chica, y aprendió allí a forjarse en la lucha social y gremial, contaron sus allegados.
Una vez terminada la escuela primaria comenzó a estudiar en el colegio Simón Bolívar de Sarandí, donde enseguida se abrazó a la militancia y como primera escala se convirtió en presidente del Centro de Estudiantes.
Luego, se convirtió en candidato a consejero escolar de Avellaneda por el Partido Obrero.
Su hermano Pablo fue quien lo ayudó a insertarse en el mundo de la militancia: con él aprendió a interesarse por las luchas sociales, como la ocurrida en diciembre de 2001, también con él asistió a la fatídica jornada en la que la Policía mató a Kosteki y Santillán.
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