De Belgrano a La Boca, hubo shows y en algunos barrios la gente salió a la calle a apoyar.
Con inicio a las 7.30 al ritmo de ACDC (Are You Ready?), el recorrido de 42 kilómetros y 195 metros tuvo su punto de inicio y final en la Avenida Figueroa Alcorta y Monroe. Con un tiempo de 2 horas, 11 minutos y 2 segundos, el keniata Julius Karinga se consagró ganador.
Lo siguieron, en la categoría masculina, Eric Nzioki (2.16.28, triunfador de la edición anterior) y Henry Cherono (2.17.10). Lucy Karimi (2.34.32, de Kenia y ganadora del último maratón), Emily Chepkorir (2.38.47), también de Kenia, y la ecuatoriana Rosa Alva Chacha Chacha (2.42.58) completaron el podio femenino.
El día templado fue ideal. La organización estuvo a cargo de la Asociación Civil de Carreras y Maratones Ñandú, con el apoyo del Gobierno porteño, y las empresas Personal, Arnet y Adidas.
Entre los puntos más pintorescos del recorrido se destacaron el Teatro Colón, el Obelisco, la Casa Rosada, Puerto Madero, la Costanera y el Planetario. Los atletas pasaron, también, por la Bombonera, donde una murga típica despertó la curiosidad de los vecinos, que se asomaban desde las ventanas y las puertas de las casas.
El único incidente se registró en el km. 17. Allí hay un puente que es jurisdicción de la Dirección General de Puerto. Pese a que se habían tramitado los permisos correspondientes, hubo que variar el recorrido original.
“Es mi maratón número 16. Tardé 2 horas y 48 minutos. Pensé que iba a tardar más de tres horas, pero por suerte me fue bien”, le contó a Clarín Claudia González, de 45 años, que compitió en la categoría de silla de ruedas femenina.
También se llevó a cabo una mini carrera recreativa de 3 km. a la que se sumaron más de 600 chicos de entre 13 y 18 años. Y participaron miembros de la Fundación Baccigalupo, que busca la integración de personas con discapacidades intelectuales. Hubo corredores de 48 países distintos: lo extranjeros fueron el 21% de los inscriptos y las mujeres, el 25%. Diego Politi, de 38 años, corrió por primera vez: “No tenía idea de cuánto iba a demorar, tardé 3 horas y 45 minutos. Los últimos kilómetros se te hacen eternos, pero llegar es una felicidad total”.
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