Se multiplican las quejas por el transporte urbano

Se multiplican las quejas por el transporte urbano
En ocasiones los usuarios deben esperar de 30 a 50 minutos los colectivos, sin paradores que los protejan de las altas temperaturas.

Feria judicial, receso de instituciones educativas, organismos gubernamentales adaptados a un horario de vacaciones y trabajadores de licencia parecieran ser razón suficiente para aminorar y hasta anular las deficiencias cotidianas del transporte urbano de pasajeros, pero no. Usuarios continúan reclamando que los choferes respeten la tabla de frecuencias horarias, que se contemplen los refuerzos durante las horas pico -sin perder de vista el embotellamiento y el tránsito desordenado de la ciudad-, que viajan hacinados en unidades a las que no les funciona el aire acondicionado, que deben soportar extensas esperas a pleno sol, porque no hay paradores. Estos problemas parecen crónicos, pero con la llegada de las tarjetas magnéticas para el cobro de los pasajes se sumaron dificultades, como el de las distancias que se deben recorrer para recargarlas.

Desde 2005, la empresa responsable por el transporte público de pasajeros del área metropolitana salteña es Saeta (Sociedad Anónima de Estado de Transporte Automotor). La compañía dispone de 542 unidades divididas en ocho corredores urbanos y once metropolitanos. Y desde su sitio web se enorgullece de destacarse “en Argentina por tener la flota de autobuses más moderna con una antigüedad inferior a los 1,4 años. Además de un sistema de recaudación único en el país y monitoreo de las unidades por GPS”.

Reclamos diversos

A pesar de que el cronograma de frecuencias de todos los corredores está especificado en el sitio oficial de Saeta, las quejas de los vecinos de las zonas suburbanas en este sentido se multiplican. Por ejemplo, en El Cabildo (zona este, donde pasan el 2 A, B y G) según Nora Freyre “hace años que estamos esperando media hora el colectivo”. En el Docente Sur, zona sur, también piden que se acorten las distancias entre una unidad y otra de la línea 8B, única que entra en el barrio. Tal vez el caso más crítico lo constituya el troncal, que pasa cada 30, 40 y hasta 50 minutos, y cuyo comportamiento podría empeorar cuando los habitantes previstos para las nuevas urbanizaciones como Mirasoles las ocupen efectivamente. Vecinos de un barrio aledaño a ese, el Huaico, ya están juntando firmas para presentar notas ante la AMT con el fin de solicitar que se extiendan los servicios en la zona.

Aldo vive en 20 de Febrero, al norte de la ciudad. Como delegado vecinal del barrio escucha cotidianamente quejas sobre los corredores 3C y 3B. “Ya es normal y la gente está habituada al servicio deficiente. Los colectivos no vienen nunca a horario. A veces esperamos 50 minutos y luego vienen dos juntos”, expone. Agrega que la mayoría de los usuarios opta por buscar corredores supletorios como el 3A o el 7E, que va hacia San Lorenzo pero pasa cerca del centro. Los pasajeros deben caminar hasta la avenida Entre Ríos, pero esto les garantiza subir al colectivo y llevar a tiempo para cumplir con sus actividades. También reclaman por la falta de paradores que los guarezcan de las temperaturas extremas y las inclemencias climáticas. “Este es un barrio donde vive mucha gente grande que sale al médico o al banco y los viejitos tienen suerte si encuentran una sombra”, expone. Por último reflexiona que escoger transportarse en taxi o remise hasta el centro no es una alternativa al alcance de todos. “Del Delmi a Caseros y Balcarce, que son unas diez o doce cuadras, sale de 23 a 29 pesos”, ejemplifica. “El mal de muchos” corrió de boca en boca y generó la adhesión de doce barrios de las zonas sudeste y este de la ciudad. Román Oviedo, vicepresidente del centro vecinal de 20 de Junio, cuenta que los vecinos le plantearon que durante los horarios de mayor demanda (7 a 9 de la mañana, 12 a 14 y 20 a 22) queda mucha gente “varada” en la salida del barrio, en la Ituzaingó y Mendoza. “Hicimos varias notas a la AMT en conjunto con Soledad, María Ester y Hernando de Lerma, entre otros, y presentamos un proyecto el año pasado para tratar el corredor 2C con la participación de diversas instituciones”, explica. En ese trabajo se planteaba que el corredor llegara a puntos de concurrencia masiva como los hospitales de referencia y que se cumpliera con el servicio de transbordo para acercar a los estudiantes a las universidades. Sin embargo, y por el momento, todo quedó en las buenas intenciones de diálogo de ambas partes. En Democracia, zona sudeste, las quejas se centran en el estado de las unidades del 7C y el 7D. “Los colectivos vienen sucios porque no los lavan cuando van a destino. Además deberían controlar la cantidad de personas que suben porque si no van cuerpo a cuerpo y se expone a la gente a los abusadores y carteristas”, dice Lucio Toconás, referente del barrio. También solicitan colectivos de refuerzo porque “la gente llega tarde. Pasan cada 30 o 35 minutos y algunos deciden caminar a Siglo XXI o Libertad porque allí hay más oferta”.

Es solo un simple llamador de clientes

Los usuarios coinciden en que la implementación de la tarjeta magnética para el cobro de los pasajes fue el gran logro de Saeta. Sin embargo, no en todos los barrios hay puntos de recarga, las máquinas de autorrecarga no siempre funcionan y en el centro -donde existe una gran oferta de comercios que trabajan con el sistema- se debe hacer largas filas para ser atendido.

En 20 de Junio disponen de tres puntos de recarga y venta de tarjetas, pero el problema es que el servicio no se presta en horario vespertino y nocturno. En El Cabildo hay una sola boca, en Delgadillo al 900. En Democracia se quejan porque deben ir hasta Siglo XXI o Norte Grande “y es habitual que el sistema se caiga”.

Según Paola, una comerciante del barrio Mirasoles, ser parte del sistema no es precisamente rentable. “Es solo un llamador de clientes porque vender tarjetas de Saeta con prepago me deja $0,01 por operación”, dice. En noviembre del año pasado el diputado del Frente Salteño Javier David propuso, mediante un proyecto de resolución, que Saeta ejecute un método de recarga a través de mensajes de texto.

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