Mientras su partido avanza para anular la Ley de Caducidad, un sector castrense le reclama que respete un acuerdo secreto con ex guerriulleros para no juzgar crímenes de la dictadura.
El primero en pasarle factura al mandatario fue José Carlos Araújo, vocero del Foro Libertad y Concordia, una agrupación que reúne a más de mil militares retirados y en actividad. “Hubo y hay un acuerdo de mirar para adelante, con el espíritu de olvidar y perdonar las ofensas pasadas. Mujica se comprometió a trabajar en ese sentido, pero no cumplió. Esta fue la única guerra civil que no terminó con un perdón, con una amnistía ”, protestó en diálogo con PERFIL.
Cuando la versión del acuerdo circuló en los medios uruguayos, el ministro de Defensa y ex tupamaro, Luis Rosadilla, se quejó de la “canallada” publicada en los diarios y juró que “no hay pacto de ninguna forma”. Araújo le retrucó que los contactos estuvieron a cargo de la dirigencia histórica de Tupamaros, con mediación de la Iglesia y la masonería, pero que Rosadilla no formó parte de los encuentros “porque no tocaba ningún pito”.
Lo cierto es que el propio Mujica contradijo a su funcionario. “A lo largo de estos años hemos conversado muchas veces con los militares y tendremos que seguir conversando otras tantas. Yo le doy mucha importancia al factor militar. No son el motor de la historia, pero suelen ser la puerta que se abre y que se cierra”, admitió el presidente, en una entrevista con el diario El País de España.
Quien estuvo en el centro de las miradas en los últimos días fue el senador frenteamplista Eleuterio Fernández Huidobro, que renunció a su banca en rechazo a la iniciativa de su bloque de dejar sin efecto la Ley de Caducidad. Argumentó que la amnistía había sido avalada por la ciudadanía en dos plebiscitos. No pasó desapercibido, sin embargo, el detalle de que Huidobro es el único miembro fundador vivo de Tupamaros. El también admitió que “hubo un pacto en el sentido de no agredirnos por cuenta de otros”, aunque negó que aquello implicara una amnistía. La pelota pasó ahora al campo de Mujica, que tiene opción de vetar lo que resolvió el Parlamento. El presidente prometió que no hará uso de esa facultad, pero, según él mismo reconoció, las reuniones discretas con militares siguen a la orden del día. Charlas de viejos conocidos.

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