El nuevo presidente uruguayo se mostró conciliador con los militares y atacó por burocrático el sistema de concurso para entrar al Estado que defiende la izquierda. Quiere que el rol estatal sea más activo en lo productivo
Pero es sabido que, pese a estilo directo y campechano, cuando Mujica habla "dice" mucho más que lo que dice. Desparrama metamensajes que necesitan generalmente ser decodificados para interpretar la idea más profunda o conceptual. Y es allí donde pueden rastrearse las diferencias que prevalecerán en su gestión respecto a la de su sucesor, Tabaré Vázquez.
Primero, en lo económico. Tanto en sus dos discursos de asunción del 1º de marzo como en declaraciones posteriores, Mujica repitió que mantendrá la estabilidad económica y la prudencia fiscal que hubo en estos años. Pero también deslizó matices en ciertos aspectos, reforzando la idea de un Estado mucho más activo en lo productivo. "Si el país fuera una ecuación, diría que la fórmula a intentar es agro más inteligencia, más turismo, más logística regional. Y punto. Esa es nuestra ilusión. Pero no vamos a esperar de brazos cruzados a que nos la traiga el destino o el mercado", aseguró ni bien asumió, marcando la cancha.
"Es evidente que, aunque el equipo económico es el mismo, la concepción del Uruguay productivo es distinta. Con Vázquez el rol del Estado fue garantizar buen clima de negocios, reglas estables y promover la innovación. No hubo políticas sectoriales. Y esa es la esperanza que trae Mujica. Un Estado un poco más activo en lo productivo, en particular en el estímulo al agro", opina el politólogo Adolfo Garcé.
Con Lula como modelo a seguir, Mujica también ha dado signos de que se moverá lejos de los dogmatismos de la izquierda y cerca del pragmatismo. Al día siguiente de asumir, el mandatario arremetió contra el sistema de ingresos al Estado por concurso, una modalidad reivindicada por la izquierda como ejemplo de transparencia, considerándola incluso peor que la designación a dedo. ("No nos mintamos: el concurso masivamente se ha transformado en este país en acomodo burocrático. Por lo menos la designación a dedo tiene el coraje de dar la cara"). Los sindicatos reaccionaron acusándolo de querer "volver al dedómetro".
Pero la muestra quizá más contundente de su antidogmatismo llegó la semana pasada cuando se reunió con cúpulas militares y en tono conciliador les propuso "no cargar con las mochilas del pasado". "Contra lo que podría esperarse, su actitud frente a las Fuerzas Armadas parece ser más condescendiente que la de Vázquez", sostiene Garcé. Días antes, Mujica había propuesto la excarcelación de los presos mayores de 70 años, torturadores incluidos. La iniciativa desató la furia de los sectores más radicales del Frente, que vieron una suerte de traición de Mujica a los viejos ideales de sus años de guerrillero.
Antes de asumir, el mandatario había dicho al semanario Búsqueda que el mayor riesgo que enfrentaba como presidente era, paradójicamente, que lo corran por izquierda. Ahora es el momento de la verdad.


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