Mujeres sinónimo de esfuerzo en la Cooperativa textil Elefante Negro

Mujeres sinónimo de esfuerzo en la Cooperativa textil Elefante Negro
Nora, Yani, Vanesa y Alicia padecieron la explotación en carne propia en talleres de corte y confección de Buenos Aires y Corrientes. Tras padecer el maltrato laboral, encausaron sus vidas y hoy participan de un proyecto que integra a personas en contextos de encierro.

Es media mañana y en la sucursal de la cooperativa textil Elefante Negro, las chicas que integran este proyecto con fuerte contenido social, reciben a la prensa, gustosas de contar su experiencia, a propósito de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer que se celebra hoy en el mundo.

Fueron las elegidas de época ya que sus vivencias, están muy ligadas a aquel suceso que conmocionó al mundo allá por el 1908 (ver página 9), en el que 129 mujeres murieron quemadas y encerradas en una textil, cuando sus apoderados las dejaron encerradas para impedir que salgan a la calle a participar de una huelga, y así reclamar mejoras salariales.

Nora, Alicia, Yani y Vanesa forman parte del plantel de diez personas que integran esta cooperativa, que no sólo las favoreció a ellas; algunas con vivencias desgarradoras; sino también a la integración de personas en situación de cárcel, dado que el otro engranaje funciona en la Unidad Penal Nº1, a donde llega la indumentaria para ser estampadas por los internos.

Las chicas cuentan que antes de llegar a Elefante Negro, sufrieron la explotación en carne propia. Se sabe, que en nuestro país, son recurrentes las clausuras de talleres por tener a sus trabajadores (muchos ciudadanos extranjeros) en negro, percibiendo cifras ínfimas por más de 10 horas de trabajo.

Trabajaba por $3,50 la hora

Vanesa es correntina y su experiencia pasada da cuentas que lo ocurrido en EE.UU. sigue latente y amenazante pese al advenimiento de las políticas de derechos humanos. “Trabajé seis años en un taller que funcionaba por avenida Independencia, donde nos encerraban con candado, nos pagaban 3,50 la hora desde las 7 a las 5 de la tarde, de corrido”, rememora frente a su máquina donde cose camisetas que serán enviadas al Penal.

“Si traías tu comida ‘bien‘ y si no a embromarse porque no te dejaban salir: ‘Acá hay otros mil a fuera que quieren trabajar por 3,50’ nos decía el encargado del taller cuando pedimos un mejor sueldo. Fuimos a la radio, a la Subsecretaría de Trabajo y nos daban la espalda, hasta que nos echaron”, dijo al tiempo que remató: “Seguramente debe seguir funcionando en esas condiciones”.

Hoy por hoy, a pesar de estar separada, dijo estar satisfecha de cómo organiza su vida; junto a sus dos hijos y con su nuevo trabajo, donde incluso a veces lleva pedidos particulares y junto a la “buena onda” - menciona - de sus compañeras.

En el caso de Nora, contó que trabajó en Buenos Aires y cobraba $6 pesos la hora; dice que se las amañaba con su hija para ir al taller en el partido de La Matanza. “Viajaba durante dos horas y estaba diez en el taller: era muy duro. Por suerte todo cambió y estoy más tranquila, pienso que lo que hacemos acá está muy bueno porque además integra a personas que cayeron en la cárcel, pero que delinquieron por vivir en la pobreza”, analiza.

Para Yani, la historia de aquellas mujeres estadounidenses que sentaron un precedente de lucha por la igualdad de oportunidades, está fuertemente relacionada al presente de las fábricas. “Es algo que nos toca de cerca, por el trabajo y la lucha. En mi caso por suerte siempre trabajé de forma particular, pero hay muchas chicas que se dedican a esto y muy mal pagas; acá me siento a gusto; estamos empezando y creo que nos irá bien”, dice.

Alicia en tanto manifiesta que “las mujeres son sinónimo de lucha y esfuerzo”. “Acá nos damos ánimo entre todas, cuando una llega con la cabeza baja tratamos de alentarla y así nos apoyamos entre todas”, dice risueña.

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