La muerte de un juez de la Corte agita la campaña presidencial

La muerte de un juez de la Corte agita la campaña presidencial

Estados Unidos. El fallecido es Antonin Scalia, un conservador. La decisión que tome Obama para designar a su reemplazante puede impactar en la carrera por la Casa Blanca.

Por Paula Lugones

A pesar de que intentan mantener el perfil bajo, algunos de los jueces de la Corte Suprema de Justicia se convierten en celebridades en Estados Unidos. Es el caso del juez Antonin Scalia, de 79 años, fallecido el sábado de un paro cardíaco –según se confirmó ayer– mientras descansaba en un resort de Texas.

Este magistrado conservador, nominado por el presidente Ronald Reagan, era la quintaesencia del jurista exquisito, de obsesivo respeto por la letra exacta de la Constitución, pero también de las ideas duras contra el aborto, el matrimonio gay y la “acción afirmativa” (la política de promoción de las minorías en áreas como la educación), entre otros temas que le erizaban la piel por ser demasiado “liberales”.

En las antípodas de su pensamiento figuraba Ruth Bader-Ginsburg (82), otra de las famosas magistradas de la Corte, la liberal más relevante del Supremo Tribunal. Crease o no, ambos jueces eran íntimos amigos, solían compartir cenas, salidas al teatro, vacaciones familiares y su amor por la ópera. Pocos saben que esa amistad fue celebrada con una ópera especial, escrita para ellos.

La obra se llama “Scalia/Ginsburg”, fue compuesta por Derrick Wang, que es jurista además de compositor, y se estrenó el año pasado en un festival de Virginia. La magistrada lamentó ayer la muerte de su “gran amigo”, casado, con 9 hijos y 33 nietos, que ha provocado que las banderas ondeen a media asta en todos los edificios públicos de esta capital. Pero el deceso de Scalia, más allá del adiós a una celebridad, ha provocado un terremoto político en la campaña electoral estadounidense.

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Scalia falleció en el rancho “Cibolo Creek”, un complejo de lujo en Texas, famoso entre las estrellas de Hollywood y la realeza europea, que suelen alojarse allí para descansar y cazar especies codiciadas. La muerte del juez abre hoy un nuevo escenario político.

El Tribunal Supremo está formado por nueve jueces, con cargos vitalicios, y hasta ahora había cinco conservadores (uno de ellos a veces votaba de forma independiente) y cuatro progresistas, por lo que la muerte de Scalia abre la posibilidad de que un nombramiento del presidente Barack Obama pueda inclinar la balanza a favor de los progresistas.

Como una señal de lo sensible del tema, las operaciones políticas comenzaron inescrupulosamente al segundo de la muerte de Antonin Scalia.

El jefe de la bancada republicana del Senado salió a decir que el nuevo magistrado debía ser designado por el próximo presidente y no por Obama. Es claro que los conservadores ven amenazado su preeminencia en la Corte y no quieren correr riesgos.

Los precandidatos republicanos, en el debate del sábado por la noche y en programas del domingo, también ratificaron que la decisión debía quedar para el próximo mandatario. Pero Obama frenó toda especulación y en un inusual mensaje anoche dijo que planea cumplir con su “responsabilidad constitucional para nominar a un sucesor en el debido tiempo”.

Hillary Clinton y Bernie Sanders, los candidatos demócratas, ya dijeron que Obama debe nominar inmediatamente al próximo juez de la Corte.

El mandatario se juega en el alto tribunal dos piezas claves de su legado: su plan contra el cambio climático para reducir las emisiones contaminantes de las centrales eléctricas y la regularización de cinco de los once millones de inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos.

También uno de los casos más controvertidos de los últimos años sobre el aborto, permitido en EE.UU. desde 1973, pero sobre el que han impuesto restricciones estados como Texas.

La lucha en la Cámara de Senadores por la nominación –los republicanos tienen mayoría de 54 bancas– puede ser complicada y rebotar en la campaña presidencial.

Un proceso normal para nominar un juez suele durar dos meses. Los republicanos podrían demorar el trámite, pero si se extiende demasiado con maniobras parlamentarias, los votantes los podrían castigar. Así, la muerte inesperada de un juez suma más expectativa a la campaña electoral para suceder a Obama.

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