Luis Berri falleció asfixiado al quedar aplastado por cientos de kilos de soja, cuando limpiaba un contenedor. Familiares aseguraron el lugar no contaba con las medidas mínimas de seguridad.
Berri, de 19 años y con 6 meses de antigüedad en la empresa GEPSA, ubicado en la ruta 28, fue enviado por sus superiores a limpiar un silo de soja. Ingreso casi sin medidas de seguridad, denunciaron sus padres, y fue literalmente absorbido por un remolino de soja, que lo terminó por aplastar y asfixiar.
Los bomberos necesitaron más de 6 horas para poder encontrar y sacar el cuerpo del joven del interior del silo, que casualmente ese día había ido a hacerse la revisación médica para quedar efectivo en la empresa, ya que respondía a una agencia eventual.
“Lo que le pasó a mi hijo no fue un accidente, se podía prevenir. Lo mandaron a limpiar ese silo sin medidas de seguridad ni conocimiento, y él no se negó porque quería quedar en la empresa”, relató entre lágrimas Raúl Vélez.
“Desde la fabrica nadie se comunicó con nosotros, niegan todo y nos dicen que fue un accidente cuando no es así”, insistió.
El hombre, que el viernes junto a la madre de Luis y un grupo de amigos y familiares marchó hacia la puerta de la empresa, aseguró que vio cuando sacaron el cuerpo del joven dentro del silo y “no tenía puesto ni casco, ni arnés, solo había una soga”.
En la entrada de la planta, colocaron pancartas y carteles que piden justicia, e insistieron en que lo ocurrido fue fruto de la negligencia de la empresa.
“A mi hijo lo mataron, no fue un accidente, como quieren hacer creer a todos. Y eso le dicen a los compañeros, que no hablen y que solo digan que fue una desgracia”, finalizó Vélez, quien además contó que no recibieron ayuda ni contacto de la ART o el gremio de Molineros.
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