Distintos barrios y localidades limitan con ese cultivo que está vinculado a las fumigaciones con agroquímicos. A pesar de las promesas, el distrito no cuenta con ninguna reglamentación, ni existen controles regulares.
Sin embargo, el tema fue perdiendo interés entre los concejales y aún se espera una resolución. Aunque no lo admitan públicamente, los integrantes del Concejo saben que establecer distancias mínimas entre zonas fumigadas y urbanas despertará la bronca del sector agropecuario. Del otro lado, en muchos sectores del distrito existen quejas de vecinos que conviven con las fumigaciones y sus consecuencias.
Por otra parte, se desconoce la existencia de controles regulares desde el Estado Municipal.
CERCA
De acuerdo a un estudio reciente elaborado por técnicos de la Universidad Nacional de Luján, sólo el 1,65 por ciento de la superficie del partido estaría a más de 3.000 metros de un cultivo de soja.
Esta semana, EL CIVISMO recorrió algunas zonas del distrito donde se percibe este fenómeno, también ocasionado por la carencia de planificación urbana. Al otro lado del Acceso Oeste, la separación entre las plantaciones de soja y los barrios es de apenas una calle, es decir, inexistente. Así ocurre por ejemplo en el Juan XXIII, con un campo que desde la colectora se extiende hacía uno de los límites del vecindario.
Cuando el Partido Socialista presentó el proyecto, muchos vecinos de esa zona aportaron sus testimonios y su malestar por las periódicas fumigaciones con agroquímicos. Algo similar sucede en el barrio 12 de Abril. Una calle de tierra separa las viviendas de un extenso campo con soja. A pocos metros existe una plaza con juegos para chicos e incluso, en un sector del terreno que no fue alcanzado por el cultivo, se instaló una improvisada cancha de fútbol, especie de potrero adecuado a los nuevos tiempos del monocultivo.
Sobre la ruta 5, las postales no difieren demasiado. Enfrente de la planta transmisora de energía Transba, la soja se extiende hasta viviendas del barrio Los Gallitos en una especie de triángulo cuyo vértice culmina a pocos metros de la cinta asfáltica. Hacia atrás, el cultivo ocupa un campo colindante hasta el barrio Luna.
Las adyacencias de la localidad de Jáuregui son iguales. Al ingresar desde la ruta 5, ambos lados del camino de entrada están cubiertos por los cultivos de soja que llegan hasta la primera calle del pueblo. En otro de los límites, sobre la calle Belgrano, el campo también muestra el mismo cultivo.
En ese lugar, tiempo atrás fueron encontrados bidones de glifosato, en un hecho que nunca terminó de aclararse. Del mismo modo, en varias oportunidades los vecinos han sufrido inconvenientes en las vías respiratorias como consecuencia de las fumigaciones que se realizaban a pocos metros de las viviendas.
En todos los casos, la soja es sinónimo de agroquímicos, productos que diferentes especialistas consideran sumamente riesgosos para la salud humana.
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