Ricardo es uno de los camareros más queridos de la provincia por su alegría y vocación de servicio. Política, amor y dictaduras según el más famoso garzón de Tía Rada.
Ricardo llegó a la provincia en 1974, en el clima enrarecido que se vivía previo al golpe de Estado que llegaría, oficialmente, dos años después. "Ahí nunca más nadie se enteró que a mí me gustaba León Trotsky", dice él, con cara de sobreviviente y no sin un dejo de pudor en esa confesión casi 40 años después.
Ricardo es mozo. Trabaja desde hace tres años en la Tía Rada, un tradicional bodegón de Godoy Cruz, donde supo ganarse una clientela fiel y generosa. En diálogo con este diario, el hombre habla de sus dos matrimonios, de sus diez hijos (cinco en Argentina, dos en Chile y otros tres extramatrimoniales a quienes –jura- haber reconocido), recuerda el encuentro con Salvador Allende, rescata el valor de la propina y de los falsos nacionalismos: "la tierra de uno es la que me da de comer a mí y a mis hijos. Lo demás no tiene mucho sentido", explica.
¿Por qué se vino de Chile?
Cuando salí de Chile salí muy mal. No hablo del pasado porque no existe. Bah, a decir verdad, me fui de Chile por ser socialista. No comunista. Hay una gran diferencia entre las dos doctrinas. Yo me afilié al partido comunista pero renuncié porque no me gusta que me impongan las cosas. Tenía que llevar diez afiliados más. No era, digamos, muy libre. Me gustó más el socialismo de (Salvador) Allende.
¿Pinochet lo echó?
Sí, después de haber tenido una larga discusión con él, ahí decidí venirme para Mendoza (se ríe). Yo me autoexilié. Pinochet mató a mucha gente, quizás más que en toda Latinoamérica. Un censo que Allende hizo, daba que eran 11 millones de chilenos. Cuando el censo lo hizo Pinochet había 9 millones. ¿Qué pasó con esos dos millones que no estaban? Algunos se habrán ido exiliados y los demás están muertos. Igual, hay que decirlo, con él no hubo delincuencia.
¿Cree que la mano dura es sinónimo de seguridad?
Muchas veces sí. Hace falta mano dura. Nosotros tenemos un Código Penal que data de 1925, es más viejo que sentarse con la cola. La mano dura no es igual a dictadura. Eso se confunde un poco.
¿Trabajó de la política en Chile?
No, mi hermano Gustavo sí, era comunista hasta los huesos. Fue un preso político y sufrió mucha persecución. Pero no voy a hablar de eso. Yo empecé de chico a trabajar e hice de todo. Viví en Santiago y en Viña del Mar. Allí gané mucha plata como empleado del Casino municipal. Allí conocí a Salvador Allende.
¿Y cómo fue ese encuentro?
Yo trabajaba allí y él visitaba el Casino. Venían muchos funcionarios de la época. Yo le puedo decir que era un gentleman, un caballero. Me quedó esa imagen suya. Pero yo leí más que militar en política, nunca viví de eso. Leí mucho la doctrina socialista de Trotsky (N.de R: político socialista ruso revolucionario y asesinado por Joseph Stalin, en México).
¿En qué año llegó a la Argentina?
A Mendoza llegué el 25 de diciembre de 1974. Ya me había separado de mi primera mujer, me vine solo. Allá quedaron dos hijos de mi primer matrimonio y tres hijos extramatrimoniales que siempre reconocí. Aquí conocí a la 'bruja', mi segunda mujer. Yo tenía 38 y ella 18. Me enamoré y me casé tuve cinco hijos con ella y me hice cargo yo de todos. Es una pena que no se llevaran bien, pero no puedo forzar algo que los chicos no sentían. Después me desenamoré y me separé. Soy práctico.
Cuando usted llegó al país ya se vivía la agonía del gobierno peronista y la antesala del Golpe militar. ¿Cómo lo vivió?
Me adapté bien. Acá no me pasó nada. Claro que yo nunca más dije a nadie que era socialista o cosas así. Una vez me pararon pero salí ileso de los controles. No me molestaron ni la policía ni los milicos. Yo trabajaba de mozo. Algo sencillo, no llamaba la atención. Yo acá quería comer y darle de comer a mis hijos, nada más.
¿En Mendoza siempre trabajó de mozo?
Sí, también fui ayudante de cocina un tiempo y aprendí mucho. Eso me sirvió para darle un plus a la atención de los clientes. Los cocineros son muy reservados con sus secretos y a mí me preguntan y yo le digo a la gente cómo se elaboran las cosas. Trabajé muchos años en el restaurante del club Regattas. Después llegué a este bodegón donde me tratan muy bien. Es una familia muy trabajadora.
Su jefe contó recién que usted hace lo que quiere, que maneja sus tiempos.¿Es cierto?
(Se ríe). Y sí, yo manejo mis tiempos para venir a trabajar. Ya estoy grande. Hice un trato de trabajar los días festivos, viernes y sábados. Total, tengo mi jubilación y así tengo la semana libre para mis nietos y otras cosas.
¿Y en la propina está el secreto para vivir tranquilo?
Sí, la propina es la base para mí y para cualquier mozo que conoce el oficio. No se va a la facultad para eso, pero se aprende. Mire, yo tengo mi sueldito por trabajar aquí, pero yo suelo hacer 300 pesos promedio por noche de propina. Algunos dan más y otros menos. Yo siempre los atiendo con buena actitud porque me gusta mucho este trabajo de servir y estar con la gente. Ahí me hago mi otro sueldito por mes. Supera a veces los 3.600 pesos. Eso y con mi jubilación, no me puedo quejar.
¿Cayó la propina en el último tiempo?
Puf, muchísimo. Si antes una mesa me daba 10 pesos, ahora me da 5. Está todo parado, sobre todo en los últimos meses. Se consume menos y se deja menos propina. Lo importante es no perder a la clientela, cuidarla siempre.
¿Qué hace en sus tiempos libres?
Duermo, duermo mucho. Y estoy con mis nietos. Me gusta el cine y la televisión. Miro Discovery Channel. Antes leía mucho. Leí varias veces la doctrina socialista y me acuerdo siempre de El tercer ojo, de Lobsang Rampa (autobiografía de un monje tibetano). También tengo una amiga con quien salgo de vez en cuando. Nada de convivencia. Duraríamos tres meses nomás. La conozco desde 1976, imagínese.
Hace casi 40 años que llegó a Mendoza y aún conserva su acento chileno. ¿Extraña a su tierra?
No, sólo que allí tengo a mis otros hijos, pero nada más. Es que yo creo que la tierra es la que le da uno la posibilidad de comer y de que coman los propios hijos, ¿se da cuenta? Después nada tiene mucho sentido. Por eso me enojo con algunos compatriotas que se quejan de este país. Les digo que se vuelvan si no están felices. Acá yo eduqué a mis hijos y son de bien. Yo vivo bien, tranquilo. Más no puedo pedir. Si la muerte me agarra aquí o en Chile me da lo mismo. Soy práctico. Sé que todo ser humano tiene su ciclo de vida. Y ya.

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