Moyanistas y kirchneristas, dos caras del mismo modelo

Por Fernando Laborda

Nadie puede asegurar que la paz que hoy reina entre la CGT y la Casa Rosada será eterna. Sí se puede decir que el nerviosismo de semanas atrás, cuando fue ventilado el pedido suizo de investigar a Hugo Moyano, quedó superado por ayudas recíprocas que se prodigaron el kirchnerismo y el titular de la central sindical.

Recientemente, Moyano le hizo un favor al Gobierno al firmar un módico aumento salarial del 24 por ciento y en cuotas para los camioneros, que atenuará algo los pedidos de mejoras en otros gremios. Anteayer, el oficialismo en el Senado pareció comenzar a pagarle al secretario general cegetista aquel gesto, cuando rechazó un dictamen de la Auditoría General de la Nación que cuestiona el manejo de fondos dirigidos a obras sociales por la Administración de Programas Especiales (APE) del Ministerio de Salud, que tradicionalmente estuvo dirigida por hombres de Moyano.

Claro que el líder cegetista irá por más. Además de protección en la Justicia, brega insistentemente por aumentar el número de legisladores de extracción sindical en las próximas elecciones y, desde hace 48 horas, también reclama cargos en directorios de empresas privadas donde la Anses tiene una porción de acciones.

Tal vez ésta sea la mejor prueba de que entre el moyanismo y el kirchnerismo hay demasiadas semejanzas. Casi podría decirse que comparten una misma identidad, que son dos caras de una misma moneda o de un mismo modelo.

Detrás de consignas como la defensa del interés general o de los trabajadores hay en ambos sectores un deseo de acumulación ilimitada de poder.

En el caso del Ejecutivo Nacional, ese empeño no se agota en vencer el principio de división de poderes o en su utópico afán de controlar a la opinión pública a través de su batalla contra los medios periodísticos que no le responden. Sus acciones se proyectan al mundo de los negocios.

La construcción del aparato empresarial del kirchnerismo se ha valido de denuncias de monopolios, de congelamientos de tarifas o de otras presiones para debilitar y obligar a ciertos grupos a abandonar y entregar sus negocios a empresarios amigos del poder.

Una parte de la dirigencia gremial, encabezada por Moyano, pero con buenos imitadores, como el titular del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU), Enrique Omar Suárez, también ha manifestado su preferencia por un modelo de sindicalismo empresario, que a menudo no repara en metodologías con tal de avasallar a la competencia.

En los años 90, dirigentes como Moyano se desvivían por cuestionar al sindicalismo de negocios de los llamados "Gordos". Hoy, como Groucho Marx, podrían decir: "Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros".

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