Lo concluye un informe de una ONG. Lo atribuyen a una cuestión sociocultural, de educación y de aprecio por la vida. En la Ciudad, uno de cada tres muertos en accidentes en 2013, iba en moto.
El Observatorio trazó un mapa del uso del casco analizando lo que sucede en las vías rápidas, la avenida General Paz, y dos cordones paralelos de 20 cuadras de ancho, uno en Capital y el otro en Provincia. Y dentro de esos cordones diferenció la zona norte, entre el Río de la Plata y la Panamericana, la centro, entre la Panamericana y el Acceso Oeste, y la sur, entre el Acceso Oeste y Puente la Noria.
En las vías rápidas, se detectó que el 98,9% de los motociclistas usan casco y en la General Paz, el 99%. Las sorpresas aparecieron en las calles y avenidas. “Nuestra primera hipótesis fue que en Capital el cumplimiento iba a ser mayor que en Provincia, porque hay algunos controles, pero descubrimos que no es así. El comportamiento no cambia tanto en función de la jurisdicción, pero sí hay grandes diferencias según la zona. El sur arrojó los peores valores”, explica Fabián Pons, vocero de OVILAM.
En la zona norte, el uso del casco es similar de uno y del otro lado de la General Paz. En Capital alcanza el 92,4% y en Provincia, el 91,2%. En la zona centro, ya baja. En la Ciudad es del 81,2% y en el conurbano, del 62,9%. Los porcentajes más bajos se observan en el sur. Del lado porteño, el 77,1% de los motociclistas circula con casco y en el GBA, el 55,6%.
“Cuando notamos la caída que se da hacia el sur, vimos que no sólo se trata de un tema de controles, que ayudan y mucho, sino que hay una cuestión sociocultural, de educación, de concientización y de aprecio por la vida detrás de usar o no el casco –analiza Pons–. En las capas de mayor nivel sociocultural, en el norte tanto de Capital como del conurbano, se lo usa más, al igual que en el microcentro”.
Los controles también influyen. “En Capital, sobre todo en el centro y hacia el norte, en Olivos y en Vicente López hay algunos controles. Pero hacia el sur de la Ciudad casi no los hay y en el resto del conurbano son nulos”, dice Pons.
También se observan diferencias culturales en los niveles de uso de casco de los acompañantes, aunque en este caso sí se registran mayores diferencias entre Capital y GBA. En las autopistas, el 85,7% de quienes viajan en una moto como pasajeros llevan casco y en la General Paz, el 76,2%. En el norte porteño, lo usa el 76,9% y en el norte del GBA, el 76,5%. En la franja entre Panamericana y Acceso Oeste, en Capital usa casco el 80% de los acompañantes y en Provincia, el 23,8%. Y en el sur porteño, lo utiliza el 60%, contra el 33,3% en el sur del conurbano.
“La gente ofrece llevar a alguien en la moto sin medir las consecuencias –dice Pons–. Existe la sensación de que no pasa nada si el acompañante no usa casco y el riesgo de enfrentarse a un control y recibir una multa es muy bajo”.
El uso del casco es mayor en las vías rápidas porque la gente cree que sólo es necesario cuando se circula a alta velocidad. “Sin embargo, el 62,5% de los siniestros se producen en esquinas –señala Pons–. La moto es un vehículo inestable y hay mucho riesgo de tener un choque a baja velocidad, con posibles daños en la cabeza, que es lo primero que pega contra el suelo. Y las lesiones en la cabeza pueden ser graves o mortales”.
Según un informe de la Defensoría del Pueblo porteña, el 29% de los 86 muertos y el 40% de los 10.621 lesionados en siniestros viales en la Ciudad de 2013 fueron motociclistas. Y según Luchemos por la Vida, que cita un estudio de la Oficina General de Contaduría de Estados Unidos (GAO), los motociclistas que usan el casco tienen un 73% menos de probabilidad de morir en un siniestro y hasta un 85% menos de posibilidades de sufrir lesiones graves con respecto a quienes no se lo ponen.
Los especialistas coinciden en que tener el casco mal colocado o desabrochado no sirve, porque sale despedido. “El casco debe estar homologado, ser del talle del usuario y estar bien abrochado y ajustado a la cabeza para que no se salga –precisa Pons–. Parece mentira que haya que pedirle a la gente que cuide su cabeza. Es muy importante concientizar a los usuarios de motos, y también realizar controles circulando al ritmo del tránsito, no en forma estática”.
El año pasado, la Dirección General de Seguridad Vial porteña realizó 17.535 controles, en los que labraron 1.880 multas y secuestraron 1.117 motos, la mayoría por problemas de documentación.
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