La morosidad comercial, entre los niveles más altos de la década

Desde 2000 y hasta 2004 se había registrado un proceso de desendeudamiento de los consumidores locales, pero a partir de allí se inició un leve ascenso hasta la crisis del campo, cuando se disparó
El boom del consumo que en las últimas semanas se registró en Río Cuarto, alentado por las fiestas de fin de año, tuvo su contracara negativa: un mayor nivel de morosidad en el pago de los saldos.

Con ello se consolidó una tendencia que comenzó a partir de la crisis del campo, que caló hondo en la economía local. Fue en ese momento cuando se registró el quiebre.

Desde el año 2000, cuando casi 1 de cada 5 cuentas corrientes registraban morosidad, el incumplimiento comercial inició un retroceso que terminó cuatro años después con apenas el 11%. Así, se había dado una caída de casi el 40 por ciento en el índice que elabora la Cámara Mercantil e Informes Comerciales.

El conflicto agropecuario es considerado por el comercio local como una bisagra en la actividad. Y lo vinculan también con el inicio del proceso de mayor atraso en el pago de los créditos. A fines de 2008 el índice comenzó un brusco ascenso. Pasó del 12,5% al 16% al año siguiente hasta alcanzar el 17,73% del mes pasado.

Los comerciantes coinciden en que los consumidores “juegan al límite de su capacidad de pago” y eso termina muchas veces provocando la falta de cumplimiento de sus obligaciones cuando un imprevisto suma algún gasto a la economía familiar.

Algunas razones

El boom de ventas estuvo fuertemente amparado también en el uso de las tarjetas de crédito y en la compra con cuenta corriente que muchos comercios ofrecen. Incluso las cadenas importantes, especialmente de electrodomésticos, brindan líneas de préstamos propias.

Desde la Cámara Mercantil creen que algunos clientes terminan utilizando todas las vías de financiación para comprar productos esperando cumplir con el pago de las diferentes cuotas. Pero la sumatoria de compromisos por ahí se torna inmanejable.

Y agregan otro dato: la falsa sensación de un aumento en el poder adquisitivo que algunos trabajadores tienen por los incrementos salariales recibidos. En algunos casos, la mayor capacidad de compra es verdadera, pero otros, pese a las recomposiciones logradas en sus haberes, es falsa. Es que la inflación real superó, en ocasiones, los aumentos. Y entonces, creen que el contar con más dinero en el bolsillo lleva a un incremento en el gasto.

Con el mayor nivel de retraso en los pagos se dio, a la par, una cautela adicional en los comercios que aumentaron las consultas a la Cámara sobre la situación de clientes que se presentan con intenciones de comprar con crédito. Los deudores incobrables no son una buena opción y hay un claro intento por minimizar las posibilidades de encontrarse con alguno.

En diciembre se entregaron 3 mil informes a los asociados, el número más alto de los últimos dos años. Esto también está relacionado al crecimiento de las transacciones.

Comentá la nota