El arzobispo de San Juan resaltó la valentía del Papa que pidió perdón por los sacerdotes abusadores de menores. Condenó el narcotráfico como un cáncer en la sociedad; sostuvo que los linchamientos no se justifican; y llama a todos a cambiar el rumbo para el bien de todos.
¿Era necesario que el papa Francisco pidiera perdón por los abusos sexuales cometidos por sacerdotes de su Iglesia?
La necesidad de pedir perdón en nombre de otro es una valentía. El Papa lo ha dicho con mucha claridad, el bien es el bien y el mal es el mal; lo haga quien lo haga, y del modo en que lo haga. Está mal en si para cualquier persona. Mucho más grave es cuando esa persona está revestida de algún tipo de autoridad familiar, docente, religiosa, política, o la fuerza de la seguridad pública. Y además, es grave porque se atenta contra los más vulnerables de la sociedad, que son los menores. Un solo caso es gravísimo. Y toman una especial difusión estos delitos cuando son cometidos por algún miembro de la Iglesia Católica. Por lo tanto es justo la condena más explícita y el tomar las medidas que correspondan. Por otra parte, es una satisfacción el modo de proceder de la Iglesia, su influencia, que está sirviendo a otras organizaciones, instituciones al aplicar protocolos o procedimientos de sancionamientos y justicia para entre todos cuidar de la niñez.
¿Es un ensañamiento particular hacia la Iglesia?
Por la disonancia moral que significa el abuso de un sacerdote hacia un menor, aunque haya sido proporcionalmente menor, respecto a otros casos. Sin embargo, la ruptura moral que esto significa afecta más fuertemente. No creo que sea ensañamiento. Más bien es el shock que esto produce en todos.
Si bien el Papa pidió perdón, hay quienes insisten con que la Iglesia publique el listado de los sacerdotes abusadores, ¿por qué no se hace?
Esos casos de la Iglesia siguen los carriles de la justicia que tiene sus procedimientos para juzgar los malos actos de una persona. La revancha no hace más que aumentar el mal. Entonces, debemos sembrar la paz con la verdad y la justicia.
Los obispos argentinos -y en consonancia con uno de los mensajes del Papa-, explícitamente han puesto acento en la problemática del narcotráfico y todo lo que este mal conlleva.
Si, la Iglesia Católica se ha expedido profundamente sobre este tema y no contra nadie sino a favor de la sociedad, señalando con precisión, claridad, con firmeza, fortaleza y con prudencia este cáncer que avanza en la sociedad argentina, y lo dice pensando en el bien de todos. Igualmente, pensando en los seres más vulnerables de la sociedad. También, ha puesto de manifiesto la vinculación del narcotráfico con amplios sectores políticos, judiciales, policiales, etc.; y también reconocemos el valor, el riesgo y la firmeza de tantos ciudadanos, tantos buenos jueces, tantos buenos políticos, tantos miembros de la fuerza de seguridad que, a veces, con muchas dificultades en su tarea, saben señalar la verdad y proceder correctamente, aunque muchas veces tienen atadas las manos.
¿Se marcaron diferencias con la SEDRONAR, durante una reunión de trabajo de obispos, en marzo pasado?
La Iglesia refleja las ambigüedades de la conducción política sobre estos temas. Los silencios, las ausencias y el deterioro. Lo expresado del padre Molina alienta muchas cosas, pero nosotros ponemos de manifiesto el clima que hay en la sociedad. Dios quiera que reaccionemos entre todos, no para mal de nadie sino para bien de todos, especialmente, para nuestros jóvenes y nuestros niños. Cuando nació Jesús, José recibió el mensaje que decía: “Cuidado que hay alguien -Herodes-, que quiere matar al niño. Vete a Egipto”. Bueno yo creo que ahora Dios nos está diciendo: “Despierta padre, madre, familia, docentes, jueces, políticos, responsables de instituciones; despierten porque alguien quiere matar a nuestros jóvenes de a poco, o a tiros como está sucediendo con los hechos por el narcotráfico”. Debemos despertar y saber que todos podemos hacer mucho, y si bien ya se están haciendo prevenciones, hay que hacer mucho más, con amor, con verdad con comprensión, con unión en la familia, con amor a los alumnos, con responsabilidad social, con búsqueda del bien común, con transparencia, con equidad, sin corrupción, sin tantas cosas que nos destruyen como sociedad. Hay mucho que hacer.
¿Cómo ve la Iglesia el tema de la reforma del Código Penal?
Es un tema del que se oye mucho hablar y han surgido alarmas en la sociedad. Ese trabajo está hecho a los apurones. Me parece hecho por uno, dos o tres, sin tener diálogo con la sociedad; plantean lo que quiere la sociedad o lo que quiere un iluminado; aquí no se ha escuchado a la sociedad y muchos expresan serios temores, precisamente, frente al ritmo que va tomando la violencia social; y va a contramano del camino del que se dirigen la mayoría de los países latinoamericanos en sus códigos penales. Sería bueno sea estudiado por varios institucionales; que sepan qué piensan las familias, las universidades, los jurídicos, los distintos sectores sociales, etc. Es necesario que haya diálogo, sobretodo.
Hablando de violencia, los linchamientos han generado posturas encontradas entre quienes justifican este acto y quienes no, ¿ qué dice la Iglesia?
Es aberrante que lleguemos a esto. Los linchamientos no tienen ningún tipo de justificación, bajo ningún aspecto. Nadie quiere un linchamiento. Ahora, uno empieza a ver y se encuentra con que de hecho algunos le encuentran alguna justificación, lo cual está mal. Pero cual es esta justificación que dan, y es que la sociedad está indefensa. Las fueras del Estado están ausentes con aviso, o sin aviso. El delincuente tiene pase abierto. Si por descuido lo agarran, entra por una puerta y sale por la otra, ese día o al día siguiente. Si sale, vuelve a delinquir y hasta matar. Y si los vecinos lo entregan a los policías, la represalia es contra todos los vecinos... qué hacemos, matarlo, no. Pero lo cierto es que es un dilema de vida o muerte. Llevamos años en los que se ha estado sembrando violencia verbal, violencia política, violencia social, violencia deportiva -con barrasbravas financiados por estamentos políticos-; es como la lluvia que cae desde arriba para abajo y va mojando todo. Esto es un paso más. Entonces, cuidado, porque el que siembra vientos va a recoger tempestades, cosa que no deseo. Le pido a Dios y a mis hermanos argentinos que no vayamos por ahí. Es tremendo esto. Dios quiera que recapacitemos.
¿Estamos a tiempo de cambiar el rumbo por el que estamos transitando?
Estamos a tiempo, pero queda poco tiempo. Todo el país se ve envuelto en esta oleada de violencia que empieza desde la violencia verbal, política, social, deportiva, y que afecta a la familia y llega a todos los extremos. No se justifica la violencia bajo ningún aspecto. No dejemos que enferme más nuestra sociedad. Al contrario, que se cure y tenga buena salud.
¿Semana Santa es un tiempo que invita a reflexionar sobre todo esto?
Si. En semana Santa no hay ninguna celebración sino que revivimos el momento culminante de la salvación de los Hombres, que es la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, el hijo de Dios vivo. Este acontecimiento debe ser una vivencia de modo particular, de cercanía, de encuentro, de amor, de oración, de caridad, de respeto; también de alegría, de paz y perdón.
¿Hay que perdonar más?
Hay que perdonar muchísimo y pedir perdón de corazón, que significa valorarse, respetar, comprender que nos equivocamos y que podemos cambiar para mejorar. Es el mejor cicatrizante de las heridas y a la sociedad el hace falta perdonar y pedir perdón.


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