El monitoreo de la siembra es un instrumento para salvar costos

El monitoreo de siembra es clave para minimizar las fallas en la implantación de cultivos y la inversión en equipamiento se amortiza rápidamente por los beneficios económicos de esta tecnología que minimiza la pérdida de costos.

Así lo analizó el Mario García Pujador, ingeniero mecánico y aeronáutico de la empresa TecnoFormar de Río Cuarto, Córdoba.

El planteo parte de que el productor siempre está pendiente de la cosecha, rendimientos, ingresos y costos, pero que debería ‘repasar cuánto deja de ganar por no tener control sobre cada uno de los procesos que involucra el cultivo‘, entre los que se destaca la fase de siembra.

‘Los errores de la siembra nos acompañaran hasta la cosecha‘, indicó en el estudio difundido por Engormix.com.

Para este especialista, hay que hacer un análisis cuantitativo y ‘ponerle números a lo que dejamos de ganar‘ por no controlar la siembra.

‘En la implantación, no basta con tener la mejor sembradora, ni regular la máquina de forma precisa, existen factores de riesgo tales como bloqueos de placas, cajones sin semillas u otros inconvenientes‘, sostuvo.

Agregó que por ‘más capacitado y responsable que sea el tractorista, no podrá darse cuenta de los errores hasta no haber recorrido una superficie más o menos importante‘.

‘Hay que realizar un control efectivo, saber en tiempo real qué está sucediendo mientras realiza la actividad en cuestión: el monitoreo de siembra apunta, precisamente, a ese objetivo‘, destacó.

A la hora de evaluar el impacto económico de un correcto monitoreo de siembra vale la pena repasar algunos números, consideró el experto.

‘Una sembradora que trabaja 3.000 hectáreas por año deja con fallas de implantación solo el 1% del área cultivada, pero en Argentina la estadística nos marca entre el 3 y el 5 por ciento por falta de monitoreo‘, sostiene.

Esa superficie (1 %) implica un área total no sembrada de 30 hectáreas por campaña, con el agravante de que sobre esos sectores de suelo no implantado se realizan todas las inversiones propias del campo sembrado aunque no haya cultivo.

Es decir se aplicarán herbicidas y pesticidas.

En el caso particular de la producción de soja, la superficie desperdiciada supone inversiones perdidas por alrededor de 1500 kilos por hectárea en el costo de producción, o sea que en tres mil hectáreas se perdería 4500 kilos que representan a valores de hoy aproximadamente 45.000 pesos.

Estos costos influyen en el alquiler del campo y gastos de siembra, pulverización, agroquímicos y erogaciones de cosecha.

‘Desde otra óptica y suponiendo un rendimiento promedio de tres mil kilos por hectárea (30 qq/ha) hablamos de 900 quintales de merma en nuestra campaña‘ que ‘representan alrededor del 3,5 % de la utilidad neta‘, indicó.

Pero si los errores son del orden del 5 por ciento, la caída en la utilidad puede ser del 17 por ciento.

En el mercado existen monitores de siembra que pueden amortiguar las pérdidas y que tienen un costo de 10 mil pesos que los fabricantes intentan difundir como tecnología conveniente.

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