El ex rehén de las FARC pasó un día en familia, fascinado con los nuevos aparatos tecnológicos
Su familia se decidió por ese regalo al escuchar a Moncayo decir que lo que más le impresionó al salir de la selva, donde vivió 12 años cautivo, fue el avance tecnológico.
Incluso antes de volver a tener contacto con la civilización, cuando aún se encontraba en medio del monte, a punto de abordar el helicóptero que lo llevaría con su familia, Moncayo quedó fascinado con el celular de Piedad Córdoba, un Blackberry que la senadora utilizó para sacar fotografías del encuentro.
Durante sus años de cautiverio, el único contacto que tuvo Moncayo, de 32 años, con un aparato tecnológico fue una radio a pilas, a la que debía colocarle una antena enorme para que funcionara. De ahí su asombro por los nuevos dispositivos del siglo XXI. "No saben cuán asombroso es volver a ver civilización. Todo ha cambiado. La tecnología me deja maravillado", declaró el sargento.
En sus primeras horas de libertad, Moncayo -que fue secuestrado por las FARC en diciembre de 1997, cuando tenía 19 años- se topó con todo tipo artefactos que desconocía, incluido el iPod de una de sus hermanas, a través del cual escuchó los mensajes que diariamente le enviaban por el programa de radio Voces del secuestro .
Pero no sólo la tecnología desconcertó al soldado. Durante la revisación médica a la que fue sometido, Moncayo no escondió su asombro cuando le dijeron que debían realizarle un examen de la gripe A. "¿Qué es eso?", preguntó el sargento, aturdido por tantos estudios.
Después de un corto encuentro con sus familiares, Moncayo pasó anteanoche varias horas en el Hospital Militar de Bogotá, donde al término de su revisación las autoridades afirmaron que el ex rehén se encuentra bien de salud.
Moncayo "sufrió seis episodios de leishmaniasis, afecciones que por fortuna fueron controladas satisfactoriamente. También mentalmente se encuentra bien", informó Nohra Rodríguez, directora del hospital.
Recién en la madrugada de ayer, y luego de una fuerte insistencia para que le dieran el alta (ya que todo estaba preparado para que permaneciera internado varios días bajo el cuidado de psiquiatras y otros especialistas), Moncayo fue trasladado a un hotel de Bogotá con toda su familia, antes de partir a una base militar.
Su padre contó que una vez que la familia estaba a solas, el ex rehén les leyó algunos de los poemas que escribió durante su cautiverio. Según precisó, muchos estaban dedicados a Laura Valentina, su hermana menor de 5 años, a quien conoció anteayer en el aeropuerto de Florencia, adonde llegó con la misión humanitaria.
"El conocía a Laura Valentina a través de las imágenes que le llegaron en algún momento, y le escribió varios poemas", contó su padre, el profesor Gustavo Moncayo, que cobró notoriedad por sus largas caminatas para exigir la libertad de su hijo.
La mañana de ayer fue aún mejor de lo que habían imaginado los Moncayo durante los últimos 12 años. Como si todavía se tratara de un sueño, Gustavo Moncayo relató que al despertar recién entendió que su hijo estaba otra vez libre cuando lo escuchó hablar con su madre, quien lo estaba poniendo al tanto de asuntos familiares.
"Sentí demasiada emoción al abrir los ojos y ver que Pablo Emilio estaba conversando con su mami. Estaban mirando fotos y cuchicheando", dijo el profesor, al borde de las lágrimas.
Mientras trataba de entender cómo funciona su nueva cámara digital, el sargento desayunó en la base militar con varios familiares que llegaron a Bogotá. Y, durante la noche, en un ambiente estrictamente privado, fue agasajado con un asado, en una suerte de fiesta de la que participaron varios grupos folklóricos.

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