“El momento que pasamos fue feísimo”

“El momento que pasamos fue feísimo”
Lo afirmó ayer en una entrevista con este diario el comerciante Marcelo Imerso. El pasado jueves, junto a su pareja y a una clienta, los tres se convirtieron en víctimas de un violento robo en un kiosco que está en San Martín casi Rauch.
En medio de los destrozos provocados en el lugar por los delincuentes, Imerso pudo reducir a uno de ellos, que resultó ser un menor que tiene 15 años de edad. Según contó, cuando lo tenía inmovilizado en el piso el adolescente le dijo: “A mi mañana me largan y vuelvo y te mato”.

Lejos del caos, el desorden y los destrozos de hacía tan sólo dos días, el kiosco que Luis Marcelo Imerso atiende con su pareja Verónica Sosa en San Martín casi Rauch de esta ciudad parecía ayer a la tarde haber recuperado su fisonomía, más allá de que, como el mismo comerciante lo aclaró en la entrevista que mantuvo con este diario, “algunas cosas faltan y otras que rompieron tuvimos que sacar”.

En horas de la noche del jueves pasado, poco antes de las 22, la pareja y una joven que en ese entonces había ingresado a comprar al kiosco se convirtieron en las víctimas de un violento robo.

Los autores del hecho fueron cuatro y a las víctimas los delincuentes las agredieron, en medio de graves destrozos que provocaron en el lugar.

A uno de los coautores de este hecho fue el propio Imerso el que logró retenerlo, mientras los demás ladrones lograron darse a la fuga.

Resultó ser un adolescente de quince años, cuyo paso por sede policial fue mucho más rápido que el que tuvo que cumplir la propia víctima, ya que el menor, que no es punible para la actual Ley Penal Juvenil por la edad que tiene, fue entregado -luego de su retención- a sus padres.

Lo preocupante del caso, según Imerso contó ayer, es que mientras lo tenía el pasado jueves inmovilizado en el piso hasta que llegó la Policía el adolescente le decía: “A mi mañana me largan y vuelvo y te mato”.

Más allá de esa amenaza, el comerciante de 48 años de edad afirmó ayer en la entrevista que mantuvo con EL TIEMPO que él no tiene miedo, pero que su pareja sí y que por eso, desde la Fiscalía actuante en el caso, se había resuelto solicitar un patrullaje más fluido en la zona donde este ilícito se produjo, de inusitada violencia teniendo en cuenta lo que suelen ser los robos en esta ciudad.

“No esperábamos que fuera tan violento”

El mismo kiosco que años atrás se convirtiera en escenario de otro violento asalto -cuando a la mujer que en ese entonces estaba atendiendo un sujeto que ingresó a robar la tomó de los pelos, la golpeó y la hizo caer al piso- es el comercio que desde septiembre del año pasado atiende Imerso.

“Si bien uno siempre espera que alguna vez le roben, lo que no esperábamos era que fuera tan violento”, declaró ayer el comerciante. Y agregó sobre la agresiva actitud demostrada por los autores del hecho: “El robo ya estaba consumado y fue después que nos empezaron a agredir”.

-¿Ya sabe cuánta plata le sustrajeron y lo que le costará reparar los daños que los autores de este hecho causaron?

-Todavía no sé cuánta plata se llevaron. No hice un balance. Pero no fue una gran cantidad. No creo que sea una suma superior a los mil pesos. Lo que sí, los destrozos fueron más. Quedaron muebles rotos y todas otras cosas que, también, eso es dinero que se pierde. Rompieron dos computadoras, una cigarrera y un mueble, que es una estantería metálica con mercadería que no sirve más. Además, galletitas y otras mercaderías se dañaron al caerse, como así también artículos de librería. Por decirte algo: una caja de chinches que se abrió y se desparramó no sirve más. Pero de todo eso, hasta que no tengamos un balance bien hecho, no puedo dar precisiones en cuanto a lo que fue el daño en realidad. También rompieron el visor de la máquina fotocopiadora, que no tengo ni idea cuánto vale porque yo la tengo a concesión.

-¿Cómo fue que todo esto sucedió?

-El jueves estábamos acá con mi pareja, como todos los días, esperando a que viniera mi hijo de la escuela a reemplazarnos y a hacer el cierre del negocio. Era alrededor de las diez de la noche. Estas cuatro personas pasaron caminando por calle San Martín hasta Rauch. Con mi señora salimos hasta la puerta para ver, porque nos parecieron caras sospechosas. Pero no los vimos más, ya que habían doblado en esa esquina. Pero minutos después, cuando volvimos a entrar al kiosco y también ingresó una clienta, por detrás lo hicieron ellos. Ya estaban encapuchados, con sus rostros cubiertos. Uno hasta tenía anteojos, que después aparecieron tirados en el kiosco cuando yo le pegué una piña. Ingresaron a los gritos, le arrebataron la cartera a esta chica, la golpearon y la empujaron. Y a nosotros nos decían que les diéramos la plata. “Dame la plata porque te quemo”, me decía uno que tenía las manos en los bolsillos, como si tuviera un arma. Fue todo en un minuto. Igual, a mí me pareció que duró como un año y medio porque parecía que no se terminaba nunca.

-¿Usted les dio enseguida el dinero?

-Sí, la plata se las entregué y les pedía que se fueran, porque no quería que la situación pasara a mayores. En ese momento mi señora presionó el botón de la alarma. El botón antipánico fue presionado, pero la central de la alarma nunca avisó al 101. Después lo volví presionar yo y la central de la alarma nunca avisó a la Policía para que viniera porque había una emergencia. No sabemos si esto fue por un desperfecto, pero no sé por qué motivo no sonó.

-¿Y por qué los agredieron, si ya tenían el dinero?

-No sé por qué. Creo que por la misma agresividad que traían desde cuando habían entrado. Estaban “sacadísimos”, no los ví en condiciones normales. Creo que estaban drogados. Cuando la empujaron a mi señora contra la caja, ahí empecé a pelear con ellos. A uno le pegué, creo que al mayor de edad, que después salió corriendo. El último que quedó fue el que pude retener hasta que vino la Policía. Fueron momentos terribles. Fue algo impensado, muy violento y de sorpresa. Después de que ellos se fueron, mi señora quedó con una crisis de nervios. Y yo también me puse como loco. Todavía tengo golpes en varias partes del cuerpo. Y como se podrá ver, hasta el ojo morado. Unas cuantas piñas me comí. Cuando nos llevaron a los dos al hospital, en una de las manos me sacaron una radiografía y se comprobó que sólo la tengo hinchada, que no hay fractura.

-¿Los destrozos en el kiosco empezaron en medio de la pelea?

-Ese que yo creo que es mayor de edad, que es al primero que le pego y sale corriendo, fue quien empezó a tirar todo como para cubrir la huida y que yo no pudiera seguirlo. El que había quedado en la puerta y el que le robó la cartera a la clienta ya no estaban más. Ellos hicieron lo de ellos. Y cuando vieron que a los otros se les estaba complicando la cosa, se fueron. Y el mayor se fue también y lo dejó solo al pibito, que yo no tenía ni idea en ese entonces de que era menor.

-¿Le decía algo cuando lo tenía retenido?

-Si, después de que lo había reducido y lo tenía contra el piso me decía: “A mi mañana me largan y vuelvo y te mato”.

-Supongo que nunca le había tocado vivir una situación como la del jueves pasado.

-Nunca, jamás, si bien es cierto que hace poco estamos trabajando con el kiosco. Me acuerdo que en uno de los primeros días nos habían robado una bicicleta que había quedado atada con candado en la vereda. Pero un robo así, con tanta violencia y destrozos, nunca nos había ocurrido.

-¿Tienen miedo?

-Yo no. Pero mi señora sí está con mucho miedo. Tuve miedo en ese momento por la integridad de ella y de la clienta que en ese entonces estaba en el kiosco. Yo les di la plata con la intención de que se fueran y salir a seguirlos. Pero cuando vi que la habían empujado a ella (por su pareja) y que la otra chica se había caído eso me puso como loco. Pero en lo que tiene que ver conmigo, ahora miedo no tengo.

-¿Y cómo sigue para ustedes todo esto?

-Queda la preocupación por la inseguridad. En la Fiscalia me decían que no es común que pasen cosas así. Entonces, esperemos que ésta sea la última vez, que el que tenga que hacer algo lo haga como para que esto no vuelva a suceder porque el momento que pasamos fue feísimo.

-¿Y qué reflexión le merece que el adolescente de 15 años que participó en este robo esté en libertad?

-Eso me dio mucha impotencia. Uno está acostumbrado de toda la vida a trabajar. Yo siempre pensaba que el que roba lo tiene que pagar. Es más, nos decían eso cuando éramos chicos. Pero ahora este nenito fue preso diez minutos y está de nuevo en la casa con su mamá o haciendo lío en otro lado, mientras yo todo el día siguiente me lo perdí haciendo trámites. Creo que no es la primera vez que este chico hace algo así. En la Fiscalía me dijeron que no puede ir ni siquiera al Lugones por la Ley de Minoridad, que tiene que ser mayor de 16 años para que lo manden ahí. En su caso, habría que pedir que vaya a una casa de contención o no sé qué. Yo siempre fui partidario de que las leyes defiendan al tipo que labura y no tanto a estos pichones de delincuentes. En el futuro, no sabemos que va a pasar con estos chicos si arrancan así cuando tienen nada más que quince años.

El dato

Durante lo que fue esta entrevista, tanto Imerso como su novia no dejaron de mencionar las innumerables muestras de solidaridad y apoyo recibidas por parte de gente que se acercó a acompañarlos y a ofrecerles su ayuda. En especial, destacaron también la actitud de un policía de la DDI, el teniente Diego Coronel. “Él fue quien nos llevó al hospital en su vehículo particular porque la ambulancia se demoraba y también quien se quedó con nosotros hasta la llegada de nuestros familiares. Al otro día, vino a ver cómo estábamos y a preguntar si necesitábamos algo. La verdad, se portó diez puntos con nosotros, al igual que todos aquellos que se acercaron para acompañarnos en este momento”, declaró el comerciante.

Comentá la nota