La misión británica que terminó en un papelón

Los líderes de la revolución la consideraron una visita "ilegítima"
BENGHAZI.- La rueda de la política no se detiene ni con los vaivenes de la guerra. Ayer aplastó los dedos del opositor Consejo Nacional de Transición, recién formado y aún incompleto, en dos asuntos delicados: el de las personas que mantiene presas bajo la acusación de ser mercenarios, que está directamente ligado a las agresiones contra trabajadores extranjeros, y el de los contactos diplomáticos con los países que pueden impulsar la imposición de una zona de exclusión aérea, que ayer se vio obstaculizada por muestras de torpeza.

"Es como un acto de Groucho Marx", resumió un periodista español. Anteayer, Gran Bretaña anunció que enviaría representantes a Benghazi para evaluar las necesidades del Consejo y brindarle asesoría sobre los tejes y manejes del mundo diplomático. Los ingleses son famosos por su politeness, pero en esta ocasión se presentaron sin haber anunciado la visita. Y en helicóptero. Acompañado por siete guardaespaldas bien armados, el enviado aterrizó ayer 50 kilómetros al sur de la ciudad y junto con su grupo fue inmediatamente arrestado por los rebeldes.

El asunto pudo haber terminado en cuanto los líderes del Consejo recibieron la noticia: a veces las visitas no son educadas, pero sí oportunas, y mientras todo esto ocurría, los aviones del régimen bombardeaban y ametrallaban a los revolucionarios, que se quedaron bastante lejos de Sirte, la ciudad natal de Khadafy, en su ofensiva contra esa ciudad.

Pero las cosas no fueron tan sencillas. "Libia es un país soberano", explicó Abdel Hafiz Ghogan, vocero del Consejo Nacional de Transición, en una conferencia de prensa ayer por la tarde. "No entendemos por qué no nos avisaron. Entraron ilegalmente, no podíamos estar seguros de quiénes eran y los arrestamos." Quienes lo escuchaban eran varios de los más de 600 periodistas que entraron en Libia ilegalmente, incluido este colaborador de La Nacion, como todos saben aquí.

El Consejo le pidió al gobierno británico que confirmara que se trataba de una misión diplomática amistosa y éste lo hizo. ¿Estarían dispuestos a reconocerla como tal ahora? "Respetaremos cualquier delegación que venga al país de manera legítima", repuso el vocero. "A este grupo ya lo enviamos de regreso a Gran Bretaña. Confiscamos todo lo que traían."

Con similar desatino están tratando otro tema espinoso: el de los supuestos mercenarios que se encuentran en poder del Consejo. En la primera conferencia de prensa que brindaron los revolucionarios, el 26 de febrero, dieron un ejemplo de apertura y transparencia al permitir que hablara primero Peter Bouckaert. El investigador de Human Rights Watch (HRW) reconoció que había tenido libertad para entrevistarse con una docena de las personas detenidas bajo la acusación de ser mercenarios africanos contratados por Khadafy, y señaló que sólo en uno de los casos, el de un ciudadano de Chad, parecía haber indicios de culpabilidad. "La autoridad revolucionaria se ha comprometido a hacer una investigación justa y a liberarlos si no hay indicios."

Los mercenarios

El 2 de marzo, HRW emitió una alerta sobre la persecución que están sufriendo trabajadores extranjeros de origen africano, de quienes se sospecha tan sólo por su color de piel. El organismo, decía el comunicado, "no ha podido verificar independientemente la presencia de mercenarios" en la zona controlada por los rebeldes, y añadía que no tiene acceso al oeste de Libia, donde se tienen noticias de actividad militar de extranjeros a sueldo.

Esto no significa que en el Este los hay ni que no los hay, sólo indica que HRW, hasta ahora, no ha encontrado pruebas convincentes.

El Consejo, sin embargo, padece de hipersensibilidad por estos días. En la conferencia de prensa de ayer, Ghogan interpretó las declaraciones de HRW como una declaración de que no hay mercenarios en toda Libia, lo cual, dijo, "contradice lo que Amnistía Internacional ha encontrado. Sí, son mercenarios y provienen, principalmente, de tres países: Chad, Somalia y Níger".

En realidad, Amnistía Internacional no ha emitido informes confirmando esta presencia, sino una recomendación a la Unión Africana en la que le pide, entre otras cosas, "investigar el uso reportado de mercenarios".

El tema es difícil de manejar para los revolucionarios porque, en la actual situación, probablemente, no tienen recursos para realizar investigaciones confiables sobre las decenas de personas que retienen sus huestes en Benghazi y el pueblo de Shahat (cerca de Al-Baida). Al mismo tiempo, están bajo presión porque los mercenarios son acusados de crímenes terribles y sería políticamente costoso dejarlos libres, por lo menos por ahora. La mayoría de los de Shahat fueron capturados en combate, pero los de Benghazi fueron atacados por civiles durante el caos de la toma de la ciudad.

La Nacion preguntó si la investigación y el juicio prometidos se habían completado en los ocho días transcurridos desde que fueron anunciados por Bouckaert. "La investigación se llevó a cabo y estableció la culpabilidad de casi todos", respondió Ghogan. ¿Quién la realizó, qué evidencias existen, cómo se pudo concluir tan rápido? "Ya fue hecha e irán a juicio", cerró el tema.

Tal vez sea demasiado pedirle justicia expedita a una revolución en marcha. Pero cuando varios de los principales dirigentes, como el propio Ghogan, eran hasta hace sólo 20 días defensores de derechos humanos oprimidos por el gobierno, cabría esperar que principios fundamentales, como la transparencia y la presunción de inocencia, tuvieran un peso relevante. La rueda de la política siempre avanza. Y suele aplastar los dedos de los que no saben o no pueden sacarlos a tiempo.

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