Panorama político de Azul: De golpe nos llegó el patriotismo marketinero.La Revolución de Mayo y la versión Billiken de la historia. Tato Bores y el ser argentino. Las patrias que inventamos. Las patrias que perdimos.
Nunca hay término medio.
Después de todo, en este Bicentenario plagado de grandilocuencias, fastos y discursos recordamos el primer paso de un proceso político que se avizora como la utopía del horizonte.
En realidad, ese 1810 no significó el grito de libertad que supone una revolución.
Todos se juramentaron obediencia a un rey que estaba preso con una España decadente avasallada por Napoleón pero, más grave aún, con un capitalismo en ciernes que tenía a Inglaterra diseñando al nuevo imperio.
No pasarían tantos años para poder verificarlo en carne propia.
La historia y sus versiones
La versión liberal de la historia junto a Billiken nos vendió la cuestión marketinera, incluidos los paraguas y las escarapelas. Todos tipos inmaculados.
Pero, seguramente y a modo de exculpación, las historias se suelen escribir de ese modo. Las miradas críticas suelen ser desplazadas por el poder de turno; dependerá de la circunstancia que esté atravesando una nación para permitírselo.
Hoy, posiblemente, resulte más sencillo decir que Cornelio Saavedra era un conservador que no quería hacer olas o que Mariano Moreno era el que la tenía más clara para romper con los Borbones y por eso se lo sacaron de encima con su misteriosa muerte en el medio del mar.
Que hubo que esperar a la asamblea del año 13 y al Congreso de Tucumán en 1816 para avisarle a los “gallegos” que no queríamos saber más nada con ellos. Claro, en ese momento no estaban Telefónica ni Repsol. Pero son detalles que no vienen al caso.
Argentina y los Campanelli
Es que las sociedades necesitan de sus ritos y sus mitos para sobrevivir.
Por eso que, como buen cumpleaños, nos peinamos para la ocasión, invitamos a comer a parte de la familia ( la otra que espere los próximos cien años ), andamos a los codazos por los lugares para no quedar al lado de esos tipos que no podemos ni ver y más de uno ni siquiera se dará por enterado.
Hasta hay cartitas de rechazo para alguna celebración, aparecerán rencillas de vieja data típicas de la chusma politiquera criolla pero nada evitará el jolgorio.
La familia es la familia y, ya se sabe, la Argentina es la carpa de los Campanelli y nuestros políticos y gobernantes forman parte del show.
A celebrar se ha dicho y si son cuatro días, mejor.
Todo está imbuido de Bicentenario. Desde una charla para hablar no se de qué hasta las blancas palomitas (frase alguna vez dicha) participando de ingenuos actos escolares. Obras de teatro, exposiciones, múltiples actividades y, encima, Azul elegida como una de las ciudades para tanta gala gracias a su “diversidad cultural” y al enhiesto Quijote de la Mancha que supo recolectar don Bartolomé J. Ronco.
El GPS y Tato Bores
El GPS nos indica que ya estamos en el camino del Bicentenario hasta octubre y desde el cartel de ingreso a la ciudad, los arreglos florales, los discursos de docentes, del Intendente, de funcionarios, dirigentes de cualquier especie o la pelea por la cultura (¿?) en el Concejo Deliberante están inspirados de este espíritu repentino de patriotismo exuberante.
Por suerte, hasta ahora no apareció la frase “ser nacional” utilizada para justificar las ideologías más retrógradas.
En fin, somos argentinos y como dijo Tato Bores “ser argentino mucho tiempo seguido es muy difícil”.
En el primer centenario estábamos entre los primeros países del mundo, éramos una incipiente potencia allá lejos en este sur olvidado, con una enorme desigualdad social pero con una tierra bendecida.
Sueños de grandeza
Los años fueron pasando, cuna de europeos desarropados, de inventores, premios Nobel, educación pública y gratuita, desarrollo industrial, el granero del mundo.
Eramos los piolas del barrio, los pioneros en el psicoanálisis y a los negros brasileños, a los bolitas, a los yorugas, a los paraguas o a los chilotes los mirábamos con desprecio. Hoy seguimos siendo igual de discriminatorios pero agachando la cabeza.
¿Qué nos pasó en el medio?
Eso sí, en el fútbol seguimos teniendo los mejores jugadores del mundo.
Antes Maradona (por no irnos hasta Distéfano o Pipo Rossi) y ahora a Messi.
Como buenos argentinos, siempre lo individual; cuando se impone lo colectivo sufrimos hasta el último minuto.
Las patrias
Los conventillos y orilleros de ayer son las enormes villas miseria de hoy que cambiaron el tango por la cumbia.
Del eufemismo de la pobreza digna a los lúmpenes del presente.
Todas las patrias resignificaron a la palabra patria durante el siglo XX.
La patria militar, la patria financiera, la patria sindical y hasta la patria movilera (por el manojo de nerviosos periodistas que atosigan a quien se les cruce buscando la frase fatal).
¿Tenemos la posibilidad de empezar a bucear en una síntesis de país?
¿Desde las diferencias y los intereses encontrados gestar un debate de fondo cimentando políticas a mediano y largo plazo que nos saquen de la pobreza intelectual de la pelea cotidiana por un lugar en el Teatro Colón o la mezquindad de una invitación a una cena celebratoria en la casa Rosada?
Es verdad, la amalgama del Bicentenario no se puede reducir a esas mediocridades.
Tampoco está claro si, en el fondo, interesa el debate.
¿Qué hicimos estos 200 años para imaginar los próximos 200 ?
¿Qué dirán los hacedores del futuro?
Seguramente costará encontrar nuevas excusas.
Comentá la nota