Ayer, los cardenales se reunieron por última vez antes de aislarse hoy en la Capilla Sixtina para empezar el cónclave que elegirá al sucesor de Joseph Ratzinger (Benedicto XVI).
“Estamos en una especie de vigilia de oración, rezando para que Dios nos de la gracia de tener un nuevo papa, que gobierne la Iglesia y nos guíe”, expresó el cura de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima.
“Tenemos un poco de nostalgia por este paso que hizo (Benedicto XVI) porque la comunidad católica, más allá de las comparaciones con Juan Pablo II, vio en cada uno de ellos al padre común de todos los cristianos”, expresó.
El sacerdote hizo un reconocimiento por su trabajo al frente de la Santa Sede y por su decisión de romper con la tradición de “gobernar hasta la muerte”. Martínez sostuvo que al renunciar a su cargo demostró una lección de humildad ya que dio lugar a que un nuevo papa arribe con más vigor y determinación en la dirección de la Iglesia.
“Hacemos un gran reconocimiento a todo su esfuerzo y su conducción, un hombre de fe que deja muchos legados en lo cultural y lo religioso, muchos escritos, muchas cosas para meditar”, señaló el padre.
“Este ejemplo que da de reconocer su fragilidad, buscando el bien para la Iglesia, es algo que nadie duda”, expuso, “busca que la Iglesia sea conducida por alguien con más vigor, alguien más joven, por eso hizo este paso al costado”.
A horas de haberse iniciado el cónclave para elegir al sucesor de Joseph Ratzinger, Martinez dijo que “lejos de todas las especulaciones lo miramos con espíritu de fe, rezando para que haya un nuevo conductor de los católicos que pueda afrontar las dificultades del mundo moderno que, no sé si son más o menos graves, son distintos, incluso afrontando el hecho de que en muchos lugares del planeta el cristianismo esté siendo perseguido”.


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