Aparecieron en la calle las pintadas que impulsan la candidatura del senador. “Verna 2011”, lo apuran. El legislador debe definir qué hace personalmente y a qué juega la Plural. Termina el mes de enero, que es el de la política estática, y empiezan las movidas apuntando a la elección.
De ahí que las calles de Santa Rosa, pero también de algunas otras localidades de la provincia, hayan aparecido en los últimos días con la inscripción “Verna 2011”.
No vaya a ser cosa -piensan los hombres del riñón vernista- que el legislador prefiera seguir recluído en el Senado, donde se articulan numerosas cuestiones del poder real y reniegue de una candidatura provincial.
El fin del mes de enero, tradicionalmente el más pasivo para la actividad política, puede ponerle un poco de vértigo a negociaciones, anuncios y movidas.
Nervios y misterio
El hemetismo ya clásico del senador y su misterioso modo de actuar políticamente no sólo pone nerviosos a Rubén Marín y los suyos, que ya no aguantan sin alguna pista de un probable arreglo.
Esa costumbre vernista, que a veces es una táctica y a veces simplemente una conducta sicológica, también genera interrogantes e incertidumbres en las filas de la Plural, que tiene que acomodar su discurso y la campaña que se viene a lo que decida Verna.
Las posibilidades no son demasiadas, y sin embargo tienen un peso ineludible: Verna puede seguir como senador o ser candidato a gobernador, como le sugieren con insistencia los intendentes que forjaron el espacio interno que lidera en el PJ.
Pero además, no es ningún secreto que en el caso de que decida correrse de la puja electoral tiene el suficiente peso específico para influir de todos modos, con su discurso, su acción y su presupuesto.
Los que están cerca del senador saben que siempre fue de esperar hasta último momento para tomar este tipo de decisiones.
Pero además lo describen como un político bastante raro. Mientras su histórico espejo en el PJ, Rubén Marín -viejo enemigo, viejo amigo- se desespera por el juego de la política pública y disfruta de la adrenalina de los tiempos pre-electorales, Verna suele gambetear algunos de esos desafíos.
Por otra parte, tampoco es una novedad que en el PJ o en el Frente Para la Victora podrían reeditarse algunas condiciones del año 2007. Aquella vez, cuando Verna de haberlo deseado parecía tener la reelección servida, no compartió la boleta con Cristina Fernández de Kirchner, la presidenta con la que tuvo un comentado enfrentamiento cuando compartían el Senado en otras épocas.
¿Puede ocurrir lo mismo esta vez?
Los otros actores
Uno de los más interesados en conocer el desenlace es sin dudas el gobernador Oscar Mario Jorge, que empezó jugando tímidamente, sabiéndose un delfín del barbado senador, pero que de a poco ha ido animándose a tener un perfil propio. Basándose en los respaldos mutuos con el gobierno nacional, Jorge ya se animó a no desechar públicamente la reelección, lo cual constiyuye toda una movida para lo que es su habitual comportamiento caracterizado por una cautela fundamentalista.
En las últimas semanas apareció incluso un actor que muchos no contaban: el vice-gobernador Luis Campo se anotó, casi sin que nadie se lo pregunte, como un hipotético postulante. Aunque dejó en claro que sólo piensa en ese destino si Verna no juega en la provincia. Lo cual es también un curioso desafío para Jorge.
Desde el otro lado, desde ya, espía Convergencia. Las advertencias de Marín respecto de la posibilidad de huir hacia otro sello son, a esta altura, casi una amenaza. Pero nunca concretadas. Primero anunció que antes de fin de año definiría dónde posicionarse. Siguieron pasando los días y las semanas y todo está como era entonces, con Marín repitiendo una y otra vez su frase preferida: esa que da cuenta de que nota al PJ “anarquizado”.
En el fondo, y en base a la experiencia que está a la vista en la historia partidaria y de la provincia, lo más probable es que Convergencia aguarde un convite para pactar la “unidad”. Aunque también está terciando, y cada vez con más perfil propio, el Nuevo Espacio de Participación de Roberto Robledo.
Esa desintegración del PJ, sobre todo en Santa Rosa, no parece venir acompañada de buenos augurios, ya que la principal fuerza política de la provincia podría en algunos casos enfrentar una situación dificultosa en las urnas, más allá de que todas las encuestas -y pese al grano que significa Juan Carlos Tierno por afuera- lo posicionan claramente como ganador, sobre todo con Verna como candidato.
El tema es que el senador tendrá que dar algún paso hacia adelante, sea en el sentido que sea, para marcarles el camino a sus muchachos. Porque también para definir a los postulantes de la capital -sobre todo si el peronismo persigue con ansias ese sueño de “recuperar Santa Rosa”- es necesario que Verna defina a qué quiere jugar y cómo hacerlo.





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