Mineros jubilados piden por la salud de los trabajadores de El Aguilar

En un documento en el que se solidarizó con los reclamos por la jornada laboral de ocho horas diarias, la fundación "Primero de Mayo" de Mineros Jubilados y Pensionados de El Aguilar, Mina Pan de Azúcar y Mina Pirquitas, advirtió sobre las graves enfermedades que sufren los trabajadores de los socavones y los peligros que encierra el régimen laboral que quiere imponer la patronal.
La fundación recordó que "ante la aterradora crisis que acechaba y por conservar la fuente de trabajo, los trabajadores acordaron trabajar por equipo 14 días -10,30 horas diarias - por 7 días de descanso, con una merienda en el trabajo que se sirve en un ambiente con polvo de plomo, monóxido de carbono, humedad, escaso oxígeno y exigente desgaste físico al manejar las herramientas, materiales y equipos para el laboreo".

Agregó que el viento de la crisis pasó "y esta prueba piloto terminó" por lo cual se debe volver a los turnos de 8 horas diarias, "horario histórico con más de 80 años", resaltó.

Las razones para volver al régimen anterior, enumeraron los jubilados, son, en primer lugar, que la empresa no cumplió con lo pactado en cuanto a mejoramiento del ambiente laboral ni mejoró los salarios.

"En esta modalidad, el que se sacrifica es el obrero minero, que no come bien, no duerme bien y se encierra 14 días, monótonos, de la cama al trabajo y del trabajo a la cama; hoy se los ve con semblante cabizbajo y de bajo peso", subrayó la fundación. Destacó que los mineros no tienen feriados nacionales ni domingos, "están como encarcelados y no hacen actividades sociales ni deportivas".

"Los siete días viaja con su familia a algún pueblo o se queda mirando los cerros sin hacer nada; se ve venir la disgregación familiar porque el minero no puede ver a sus hijos todos los días porque duerme o viaja. Ha dejado de ser la cabeza del hogar en todo el sentido de la vida", advirtió.

Además, "se avizora un éxodo de estudiantes primarios y secundarios que se refugian en los pueblos de la Puna y de la Quebrada o en la periferia de las ciudades sin el control de los padres", lamentaron los viejos mineros.

Agregaron que cuando un obrero de cualquier mina se jubila o se retira, "pasa a ser un individuo humilde y triste; se refugia en su hogar con su familia tal vez sin conseguir los objetivos de la vida, sale a buscar la changa en un nuevo oficio, pero a su vez comienza un amargo y largo camino a las clínicas u hospitales con el agravio e incertidumbre del costo de los remedios porque se torna imposible comprarlos ya que el magro sueldo que percibe no cubre el costo de la mesa diaria".

La fundación mencionó una larga lista de las enfermedades que aquejan a los trabajadores de las minas: la poliglobulia, las patologías del aparato respiratorio como la silicosis, enfermedades congénitas de origen cardiovascular, la neumoconiosis, artritis, artrosis, byfarconguntivitis, hipoacusias de carácter perceptivas generadas por la altura de más de 4 mil metros sobre el nivel del mar.

"Por eso, las voces de los mineros jubilados, viudas, huérfanos, hijos de mineros, hermanos de los mineros, se van enlazando para salir del anonimato y una vez más defender la salud del minero", expresó la fundación para pedir que autoridades provinciales, nacionales y municipales, así como la CGT nacional, tomen conocimiento de la situación, a fin de "defender la salud del obrero minero en su jornada laboral de 8 horas junto a su núcleo familiar".

Comentá la nota