Una multitud de venezolanos despedía hoy los restos del presidente Hugo Chávez, en una procesión donde se mezclaban expresiones de dolor con promesas de apoyo a la revolución socialista que se jugará su supervivencia en unas inminentes elecciones, por primera vez sin su creador.
El hombre que perdió el martes una lucha contra el cáncer a los 58 años vestía bajo un grueso cristal su uniforme militar adornado de medallas y su famosa boina roja.
Mujeres con bebés en brazos, ancianos y hasta gente en sillas de ruedas, casi todos uniformados con camisetas rojas del partido chavista, aguardaban pacientemente para ver al hombre que fue amado con fervor casi religioso por los venezolanos más pobres y mirado con recelo por las clases más acomodadas.
Las lágrimas y loas se repetían constantemente después del masivo cortejo fúnebre que lo acompañó el miércoles hasta la Academia Militar, alma máter del fallecido comandante. Chávez entró el lunes en un coma y falleció de un paro cardiorrespiratorio después de un rápido deterioro desde el fin de semana, cuando mantuvo una larga reunión desde su cama con ministros, relató a Reuters una fuente del Gobierno.
El cáncer contra el que luchó por casi dos años había hecho metástasis en sus pulmones y el intenso tratamiento que incluyó esteroides lo dejó con el rostro hinchado, según la fuente.
"Nos negamos a planificar el momento de la muerte del presidente. Sobre la marcha estamos tomando las medidas para que este último adiós sea lo más llevadero posible", confesó el canciller Elías Jaua, otro hombre cercano a Chávez.
La marea de gente que salió a las calles desde el miércoles ha sido la mayor en los 14 años del chavismo en el poder. El Gobierno reconoció que iba a ser imposible que todos pudieran presentar sus respetos al mandatario y estimó un desfile de más de dos millones de personas por la capilla.

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