Más de un millón de personas convirtieron a Copacabana en "el centro de la Iglesia"

Más de un millón de personas convirtieron a Copacabana en "el centro de la Iglesia"
Los peregrinos desafiaron la lluvia para la recepción oficial a Francisco; la ceremonia incluyó showsmusicales, de baile y representaciones religiosas; el Papa saludó a los fieles y hasta le convidaran un mate
Con el viento y la lluvia al lado del mar, los termómetros en la avenida Atlántica marcaban 14 grados, pero anoche la sensación térmica en la playa de Copacabana era de puro fervor católico. Más de 1,5 millones de jóvenes con banderas de cientos de países dieron al Papa una calurosa bienvenida a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que por momentos se pareció al espectáculo de una estrella de rock.

En medio de una cortina de lluvia, el Pontífice descendió en helicóptero sobre el Fuerte de Copacabana y a bordo del papamóvil emprendió el trayecto de casi cuatro kilómetros que lo separaban del enorme escenario montado en el otro extremo de la playa, en Leme, que sólo es comparable al de los Rolling Stones hace algunos años. Hubo shows musicales, de baile y representaciones religiosas.

En los balcones, los vecinos habían colgado banderas papales y arrojaban papelitos al papamóvil, que debió realizar numerosas paradas para que Francisco saludara a la gente. Dio la mano, besó a niños, hizo un intercambio de solideo y hasta se dio el lujo de tomar de un mate que le acercaron. El "papa de la gente" estuvo más cerca que nunca de la marea humana que es su Iglesia universal.

Sobre la arena mojada, cientos de miles de jóvenes ondeaban sin cesar sus banderas: de Brasil, Chile, Perú, Uruguay, Sudáfrica, Estados Unidos, Irlanda, Portugal, Italia, Francia, España, Australia, Japón... Y muchas, muchas de la Argentina.

"¡Ésta es la juventud del Papa!", no se cansaban de cantar los peregrinos, que esperaron varias horas a la intemperie para dar la recepción oficial al Pontífice a la JMJ. Siguieron los números musicales sobre el escenario a través de varias pantallas gigantes a lo largo de la playa, mientras entre ellos intercambiaban banderas, suvenires y direcciones de e-mail.

"Esta semana, Rio se convierte en el centro de la Iglesia, en su corazón vivo y joven, porque ustedes respondieron con generosidad y coraje al llamado de Jesús", dijo el Papa.

Aunque empezó su discurso en portugués, ante la cantidad de latinoamericanos hispanohablantes que coparon la playa, luego pasó a dirigirse a la multitud en español, con su tradicional acento porteño.

"El tener, el dinero, el poder pueden ofrecer un momento de embriaguez, la ilusión de ser felices, pero, al final, nos dominan y nos llevan a querer tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos. ¡Poné a Cristo en tu vida! ¡Poné tu confianza en él y no te defraudará", señaló.

Y agregó: "La fe lleva a cabo en nuestra vida una revolución que podríamos llamar copernicana, porque nos quita del centro y pone en él a Dios. La fe nos inunda de su amor, que nos da seguridad, fuerza, esperanza. Aparentemente no cambia nada, pero en lo más profundo de nosotros mismos todo cambia".

Francisco aprovechó para recordar a Juan Pablo II, creador de la JMJ, y rememoró la primera, celebrada en América latina, en Buenos Aires, en 1987. Además, pidió un aplauso para su predecesor, Benedicto XVI, que hubiera encabezado esta fiesta si no hubiese renunciado a principios de este año. "Nos está acompañando con la oración y está siguiendo esto por televisión", afirmó, lo que provocó una fortísima ovación.

"Tenía dudas en mi fe, pero después de venir aquí, de sentir la alegría y la paz de Francisco, su cercanía con la gente, me voy totalmente renovado", comentó el ghanés Emmanuel Mwine, de 28 años.

El propio Papa hizo alusión a la alegría como actitud, y resaltó la importancia de que la Iglesia muestre un rostro amable, de bienvenida. "Qué feo que es un obispo triste. Yo vine hasta aquí a contagiarme de su alegría", dijo.

Y como al mal tiempo hay que ponerle buena cara, ante las persistentes lluvias de los últimos días, los organizadores decidieron cambiar ayer el lugar de la misa de cierre de la JMJ, que iba a ser en el Campo de Fe en Guaratiba, una zona rural que se había convertido en un enorme lodazal. Para evitar un Woodstock católico, ahora tanto la vigilia como la misa se realizarán en la misma playa de Copacabana, que ayer desafió a las bajas temperaturas y el agua..

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