Además de las centenas de miles de muertos que dejó el terremoto de enero -el número exacto nunca se sabrá- "aún hay en Haití un millón y medio de personas que duermen sin techo", dice a Clarín el sociólogo haitiano Laënnec Hurbon, de visita en Buenos Aires.
Hurbon vino para participar del Foro Latinoamericano por la Identidad y la Integración, que viene realizando la Cancillería argentina, y otra actividad en la Universidad de Tres de Febrero.
El problema más grave y urgente -dijo- es ese 1,5 millón de haitianos que duermen en la calle, plazas, campos de refugiados al aire libre. "No tenemos dónde ubicarlos, perdieron todo. Otro drama, en un país que perdió 60% de su PBI ya muy pobre, es un Estado que ya era débil y hoy tiene sus propios edificios derrumbados (Presidencia, ministerios, tribunales, cuarteles y comisarías, amén de 8 de las 11 universidades del Estado e iglesias, la catedral católica y la episcopal) y no puede funcionar". Hurbon cree que "al menos una quinta parte del liderazgo y la élite intelectual del país ha muerto".
Esa falla y ausencia estatal dificulta y desordena la cooperación internacional y la labor de unas mil ONG que están en territorio haitiano. "Al dolor de todos nosotros -prácticamente todos hemos perdido familiares o amigos- se suma que es difícil organizar la ayuda cuando no hay todavía buena interacción con un Estado que deberá reconstruirse de cero", señala Hurbon.
Investigador de la Universidad de Quisqueya y autor de varios libros (Para una Sociología de Haití del siglo XXI", "El Bárbaro Imaginario" y varios títulos sobre el vudú), agradeció la solidaridad de Argentina y otros países. "Por primera vez hubo voluntad internacional, de todos, por ayudarnos, por comprender nuestra historia y situación. ¡Hasta en Francia, por fin! tras dos siglos de una relación muy, digamos, ambigua", ironiza por el pasado colonial.
¿Cómo reconstruir Haití? Hurbon critica, ante una pregunta, la militarización del país cuando llegó EE.UU. pero afirma que se va normalizando. "Debemos coordinar con EE.UU. (con su enviado el ex presidente Bill Clinton), con la ONU, nosotros mismos. Porque no aceptamos una tutela de facto, queremos liderar nuestra reconstrucción, por supuesto con ayuda internacional. Siendo un tema muy sensible, aún no está claro el diseño ni el organigrama ni cómo será la reconstrucción".
Otros desafíos son la fuga de 5.000 presos, "muchos muy peligros", y la reanudación de la tarea de la misión de paz del Minustah, que perdió casi todo su staff y recién ahora está recomponiéndose. "Esa fuerza tuvo muchos problemas al principio, en 2004, cuando no fue muy eficaz contra pandillas delictivas falsamente asociadas a grupos del ex presidente Jean Bertrand Aristide. Luego -indica- mejoró el tema y se las combatió mejor. Recién ahora el Minustah ha instalado a su nuevo jefe, quien deberá rehacer la labor de paz y de seguridad. Y todo con vistas a tener nuestra propia fuerza pública, autónoma, como objetivo final en ese terreno".

Comentá la nota